Autoengaño:

  • ¿Eres fiel a ti mismo? ¿Te mantienes leal a tus principios, a tus valores? O ¿los traicionas para encajar en la sociedad, tu empresa, tu familia…?
  • ¿Por cuánto te vendes para no ser rechazado, para ser “amado”, sobrevivir, no estar solo ante los peligros de la selva de asfalto?
  • ¿Hasta dónde estás dispuesto a traicionarte para que no te aíslen del fuego y del cobijo de la tribu?
  • ¿Estás yendo en busca de tus deseos? o ¿te has quedado atrapado en una vida que te has autoimpuesto?
  • ¿Cómo de cómodo estás en el gastado sofá del autoengaño?

 

Autotraición, una gran fuente de sufrimiento

Una de las mayores fuentes de sufrimiento es traicionarse a uno mismo: sentir o pensar de un modo y actuar de otro, sabiendo secretamente que estás yendo en contra de ti mismo. Autotraición es seguir en un matrimonio que no funciona, mantenerte en un trabajo en el que te sientes esclavo, no ser capaz de confesar tus sentimientos ni a tus seres más cercanos…

Para minimizar el dolor de la autotraición nos valemos de la negación, también conocida como autoengaño. El autoengaño es la más elaborada de las mentiras, porque nos la acabamos creyendo nosotros mismos. Y eso, aunque a corto plazo parece minimizar el dolor, a la larga nos hace mucho daño.

Negamos que nuestro matrimonio está muerto hace tiempo, que estamos por estar, por comodidad, por interés o porque nos da miedo la soledad… Sonreímos abrazados en la foto de Navidad para que nadie note el frío hielo que inunda el hogar. Nos ahogamos en el pozo de falso amor, enredados en las pesadas cadenas de lo que hace tiempo es sólo un contrato de conveniencia.

Agradecemos que al menos tenemos trabajo, mientras observamos como son mutilados nuestros derechos. Nuestro espíritu se apaga, se desconecta de nosotros. Se siente atrapado en un trabajo que no le permite dar lo mejor de sí mismo. Para muchos se ha convertido en la nueva forma de esclavitud del siglo XXI. El moderno látigo es el estrés y las cadenas el miedo y la ansiedad que nublan la razón. Paralizados ante un peligro imaginario del que no creen que puedan escapar, lloran en silencio como niños que no quieren ir otro día más al matadero…Pero, … ¡Todo está bien, gracias!

 

¿Es el autoengaño la mejor alternativa?

Cuando vives en el autoengaño, prefieres ese sufrimiento, no porque seas masoca, sino porque piensas que la alternativa es aún peor. La verdad nos da miedo, porque es tan poderosa que puede destruir toda una vida impregnada de mentiras. Mentiras que nos hemos contado, que nos hemos tragado, mentiras privadas y colectivas. La verdad nos da vértigo. Cuando la verdad sopla, tira a bajo fácilmente el castillo de naipes de falsa seguridad que nos habíamos construido. Sin embargo, aunque te pone al descubierto y al borde del abismo de tu viejo mundo conocido, la verdad te da las alas para que saltes y te eches a volar, libre hacia tu verdadero destino.

 

¿Qué excusas te pones para evitar la verdad?

Pero cuando nos ponemos toda clase de excusas para evitar la verdad, como “No quiero herir a nadie, es que todo el mundo está igual, y si me sale mal, no sé lo que me pasará, tampoco estoy tan mal, sólo quiero que haya paz en la familia,..”, te estás engañando. Te arrancas de cuajo las alas. Te pones tu nariz de triste payaso. Y vuelves al ilusorio circo de los sueños perdidos,  a seguir con tu convincente actuación, que engaña a todos, incluso a ti mismo.

Es que la autotraición parece tan seguraNos tienta metiéndonos miedo y nos engatusa con el adormecimiento mental, “No pienses en eso que tanto duele, la vida es así. No puedes hacer nada para cambiarlo. Mejor adáptate y dibújate una mueca de sonrisa en la cara.”

 

¿Realmente queremos que las cosas cambien?

Decimos que queremos que las cosas cambien. Pero cuando llega el momento y se abre el vacío debajo de nuestros pies, nos agarramos con uñas y dientes al autoengaño. Nos resistimos a la oportunidad de cambio que se nos ofrece, por el miedo a lo desconocido. La verdad se nos muestra, pero huimos de ella. Cerramos los ojos para no verla y nos tapamos los oídos para no escucharla. Escondidos detrás del seguro muro de la mentira.

Tu corazón palpita verdad y tu mente miedosa te grita mentiras. Y tú te rompes por dentro, desquebrajándote en pedazos de incoherencia. Tu mente, que sólo quiere tu supervivencia, te pone unas metas. Tu corazón, que sabe lo que de verdad quieres, espera pacientemente mientras te susurra quien eres realmente.

 

La verdad cambia las cosas desde dentro

Cuando te atreves a preguntarte si realmente quieres que las cosas cambien, la verdad te empieza a cambiar desde dentro, y te da la fuerza y la guía necesarias. Permítete escuchar tu verdad, que es la canción de tu corazón. Tu corazón no está tan loco, está muy lúcido, recuerda que también tiene cerebro. Piensa desde una realidad más grande, en la que puede ver todas las opciones, todos los futuros posibles y te trae la mejor solución en el instante que la necesitas.

Para ello tienes que darte permiso para prestarle atención y seguir sus consejos. Atrévete a caminar sobre el precipicio sin cuerda, sabiendo que a cada paso aparecerá el suelo bajo tus pies. Empezarás a sentirte cómodo con la verdad, en conexión con tu ser, con todo. Empezarás a disfrutar de la paz interior de ser coherente. Recobrarás la salud de tu cuerpo, tu mente y tu espíritu. Mantendrás tu palabra, ya no te fallarás, ya no te mentirás. Serás fiel a ti mismo y te convertirás en tu mejor aliado.

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