Carta a mi más íntimo enemigo: Mi Ego 2


type-786900_960_720

Querido amigo Ego:

Sabes que últimamente no nos llevamos muy bien. Bueno, realmente hace ya unos cuantos años. Desde que decidí quitarme la venda que me pusiste en los ojos y empecé a intentar ver la realidad por mí misma.

 

Me sobreproteges

Me has cuidado desde pequeña con la atención de una madre protectora. Temiendo que me pasara algo horrible, me contabas historias de hombres del saco y castillos embrujados. ¿ Pero sabes que pasa? Que esta cárcel que construiste a mi alrededor cuando era niña, hace tiempo que se me quedó pequeña. Me dices: “¿Para qué crecer?, si ya estamos bien así, es mejor no asumir responsabilidad. La responsabilidad conlleva demasiado esfuerzo y demasiada conciencia.”

Yo quiero continuar creciendo pero tú no me dejas. Me dices “no vale la pena”, “el futuro es incierto y peligroso. Lo que quieres es imposible, no tienes lo necesario, no te lo mereces, no vales lo suficiente… Por eso, es mejor que te mantengas en el rebaño, haciendo lo mismo que todo el mundo. No puedes destacar, tienes que ser una más, si no quieres convertirte en la oveja negra. Eso siempre es mucho más seguro que intentar ser uno mismo.”

Cuando empiezo a ver con claridad, encuentro mi propósito, me ilusiono y decido ir hacia él. Entonces tú te asustas terriblemente, te enfureces como una madre posesiva, y me gritas que no vaya, que me arrepentiré. Me tientas con delicias, me narcotizas con distracciones, me nublas la mente y me bajas a los infiernos de tu cárcel de almohadones, para que no pueda pensar con claridad.

 

Me haces que me olvide de quién soy

Juegas con mis pensamientos enredándolos en tu tela de araña, para que acabe creyendo tus mentiras, hasta pensarme que soy yo quien me las cuento. Me haces creer mis excusas. Me convences para que espere, que todavía no es el momento. O le echamos la culpa de todo a los demás. Me confundes hasta tal punto que me olvido de quién soy y me convences que soy tú. Yo quiero ir para adelante y tú me tiras para atrás. Me agarras del pelo, me imploras que no vaya. Piensas que si crezco, perderás todo el control, todo el poder. Cada vez que ves algo que te pone en peligro, sacas tus cuchillos y me los lanzas sin piedad.

 

 

Tienes infinitas caras

    • A veces eres una madre opresiva, a veces un niño asustado, otras un tirano.
    • En ocasiones me ignoras
    • Otras me persigues.
    • Te conviertes en las personas que me lo ponen difícil, que no les gusta como soy, los que intentan cambiarme.
    • Te transformas en las situaciones complicadas, en los obstáculos en mi camino, en la lluvia, en el viento, en la enfermedad,…
    • Puedo verte en el ego de los otros, en sus gritos, en sus caras desencajadas. Cuando juegan a ser víctimas, cuando pretenden salvarme o cuando asumen el papel de verdugo.
    • Siento como te revuelves dentro de mí, como una fiera enjaulada, cuando la sombra del otro te arremete su golpe invisible. Cuando actúa de manera irracional, agresiva, despótica, egoísta, envidiosa… Y me aguijoneas para que reaccione automáticamente, de forma visceral. Para luego arrepentirme, como siempre.
    • Tu fuerza se materializa en mis resistencias, y mis resistencias se materializan fuera en los obstáculos que tú sabiamente me vas colocando en el tablero de la vida: esos no puedos, los no debos, mis imposibles, mis deberías, mis no valgos…

 

fractals-environment-1728594_960_720

 

Conviértete en mi aliado

Aunque a veces te mataría, en el fondo de mi corazón te acepto y reconozco que te necesito. Porque veo que en tu afán de ponerme las cosas difíciles me haces más fuerte.

No quiero matarte, no quiero luchar contra ti. Acepto que hemos venido a esta partida de la vida a jugar el uno contra el otro, utilizando nuestras fuerzas, alineándonos con las fuerzas del Universo que más nos convengan en cada paso.

Te invito a que te relajes, como yo procuro hacer contigo. Porque ya no te tengo miedo, aunque nunca te perderé el respeto. Quiero invitarte a que te sueltes, a que te liberes de tus propias cadenas y dejes de ir para atrás como los cangrejos.

Conviértete en mi aliado. Aunque me sigas poniendo trampas por el camino, haz que sean guiños, que sean parte del entrenamiento. Pero no intentes arrastrarme contigo a los infiernos del caos y la mediocridad.

 

Dejemos de luchar

No seamos dos jinetes en el mismo caballo, intentando ir hacia sentidos contrarios. No seamos dos amantes que se hacen la vida imposible. Lo antiguo ya lo conocemos. Atrévete a descubrir conmigo cosas nuevas y maravillosas. Y yo te compensaré dándote lo que te encanta: cuando me permitas avanzar, te daré de comer lo que más te gusta, podrás descansar, te mimaré, te escucharé, nunca más te encerraré en el sótano de las sombras.

Aunque no quieras acompañarme, te seguiré amando y esperaré tu nueva sorpresa, tu nuevo asalto detrás de la próxima esquina. Pero estaré preparada, estaré despierta. No dejaré que me pilles desprevenida. Y si lo haces, rápido descubriré la trampa que me tendiste y encontraré la salida de tu laberinto. Como ya lo he hecho antes, mi viejo adversario.

 

Nos conocemos demasiado

Tú me conoces, sabes mis debilidades, mis inseguridades, mis temores y mis vergüenzas y sabes cómo utilizarlas como balas de plata contra mí. Pero yo también conozco las tuyas, tus miedos, tus estrategias, las encerronas que me preparas en cada casilla. Me convertiré en agua para atravesar tus grietas y rodear tus piedras. Me convertiré en nube para que me atraviesen tus lanzas sin dañarme. Fortaleceré mis músculos mientras retiro los bloques que obstaculizan mi camino. Y me atreveré a verme en cada espejo que me pongas delante.

Cuando llegue el final de nuestra partida de ajedrez, quiero mirarte a los ojos y decirte “Gracias, maestro. Te felicito, poderoso Ego. Aunque no me ganaste, fuiste un contrincante excepcional. Ha sido un placer jugar contigo.”


Dejar un Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

2 Comentarios en “Carta a mi más íntimo enemigo: Mi Ego