¿Mientras más das, más recibes ?

Hablando de generosidad, ¿quién no ha escuchado eso de que “mientras más das, más recibes” ? Últimamente lo oigo mucho, especialmente en los ámbitos espirituales. Pero me doy cuenta de que esta frase puede interpretarse erróneamente. Sobretodo cuando al llevarla a la práctica, hacemos las cosas siempre esperando recibir una recompensa de algún tipo. Ésto sólo puede provocarnos decepción y frustración.

En muchas ocasiones, no somos conscientes de esa motivación oculta, porque pensamos que lo estamos haciendo desde la generosidad. Pero suele estar presente de manera velada, como un deseo de reconocimiento, de valoración, de que se sientan  en deuda con nosotros. Secretamente esperamos que digan lo buena persona que somos, sentirnos aceptados, no juzgados como egoístas. Lo hacemos como inversión para ganarnos el cielo con nuestras buenas obras.

Todos tenemos personas cercanas, buenos samaritanos que se convierten en felpudos de aquellos que se creen con el derecho de exigirles todo. Como esas madres, generosas con su tiempo y sus recursos, que dan mucho más de lo que reciben. Eso parece legitimar a algunos a pensar que está bien aprovecharse de ello, se acostumbran e incluso lo exigen. Tanto familiares, como amigos, como colegas de trabajo esperan que estos mártires hagan el trabajo extra cuando se requiere sin ninguna queja ni pedir nada a cambio.

El observar esta injusticia puede llevar a pensar que para protegernos ante los aprovechados, tenemos que hacer sólo cosas a cambio de algo. Pero …

 

¿Cuál es tu verdadera motivación?

Cuando nuestra motivación primera para hacer algo por otra persona es lo que recibimos a cambio, entramos en incoherencia interna con nuestro verdadero ser. Si hacemos algo obligados por el compromiso o sólo poniendo nuestra atención en lo que recibiremos a cambio, no nos sentimos bien, ni en el momento de dar ni después.

  • En el momento de dar, porque no damos desde lo mejor de nosotros. Estamos en una frecuencia mucho más baja, que es la de nuestro ego. No disfrutamos mientras lo hacemos, porque lo hacemos desde la imposición. La energía que desprendemos es mucho más débil y no nos nutrimos de ello.
  • Y tampoco nos sentimos bien después, cuando no recibimos la recompensa que esperábamos. Cuando no nos muestran agradecimiento ni valoran lo que hemos hecho. Cuando encima se quejan, o cuando pedimos que nos devuelvan el favor y recibimos la callada por respuesta o un rotundo no. Cuando das para recibir, sólo vas a recibir la experiencia de la decepción, de ser una víctima y probablemente un felpudo. Entonces…

 

¿Cómo podemos sentirnos bien cuando damos más de lo que recibimos?

En mi vida, más que aplicarme el “mientras más das, más recibes”, prefiero el hacer desde lo que puedo ofrecer en lugar de desde lo que puedo obtener”. Nunca puedes dar demasiado. Cuando das por dar, lo que recibes seguro es la alegría de dar por el placer de dar, el gusto de servir, de ofrecer tus dones y tu amor puro, sin reservas. Ahí no necesitas que el otro te devuelva nada: tú das, el otro recibe y tú también recibes esa alegría de dar.

Este concepto puede ser difícil de comprender para tu ego, que vive en modo supervivencia y en la escasez. No siempre estamos abiertos a ayudar. Y el motivo no tiene porqué ser por la persona que nos lo pide, la forma en la que nos lo pide, o qué nos está pidiendo. Simplemente, puede ser que no estemos en nuestro mejor momento, estemos agobiados con nuestros propios problemas. Sentimos que ya llevamos demasiada carga sobre nuestros hombros, como para que encima se nos suban a cuestas.

Cuando me siento así, no me gusto y las cosas no me salen bien. Es un aviso de que que he bajado de la frecuencia de mi ser (que vibra en la frecuencia de amor) a la de mi ego. Sin darme cuenta he vuelto al modo de lucha o huída. Cuando estoy en mi ser, comparto con él las ganas de expresar el amor, crecer a través de la propia experiencia e interactuar con otros seres.

 

¿Dónde estás poniendo la atención cuando das?

Nos nutrimos mucho más y crecemos, si hacemos las cosas desde lo que podemos ofrecer, poniendo la atención en cómo podemos ayudar a la otra persona. Cuando me siento mal, suele ocurrir que me estoy mirando demasiado el ombligo, preocupada por mis problemas y necesidades. Y si no los tengo me los invento, Me siento mucho mejor, cuando salgo al mundo a ver qué puedo ofrecer, a quién puedo ayudar, aunque sea con una sonrisa.

Cuando pones la atención en los otros, sin olvidarte de ti, es cuando conectas con tu verdadero ser, con tu sabio interior, y puedes ofrecer la ayuda más adecuada para esa persona, en ese momento. A la vez te llenas de la satisfacción por haber servido a otro. Tu ser no viene al mundo a ver qué puede sacar de provecho, sino a ofrecer lo mejor de él mientras disfruta de ello.

Entonces es cierto que las cosas vienen a nosotros, esos regalos de la vida, esas experiencias maravillosas, en las que todo se vuelve más fácil. Lo único que tenemos que hacer es disfrutar dándonos, sin esperar que venga la recompensa de la persona a la que damos. Con infinita paciencia y profundo agradecimiento ante los inesperados obsequios que nos son entregados durante nuestro camino.

 

El placer de darnos

No quiero decir que tengamos que hacer todo desinteresadamente. Nuestro trabajo tiene que ser pagado, y bien pagado, porque a través de ello nos damos valor a nosotros mismos. Y entre otras cosas, tenemos que comer y pagar nuestras facturas. Pero incluso en nuestra profesión, nuestra primera motivación no puede ser el dinero sino el ofrecer el mejor servicio. Nos tiene que mover el ayudar a resolver los problemas. Disfruta haciendo la vida más fácil y agradable a esas personas que acuden a ti.

Hazlo con la máxima calidad. Porque la excelencia en el trabajo es la expresión del amor en todo lo que hacemos. Es maravilloso que hayamos retomado el concepto de intercambio. Pero una cosa es un intercambio y otra diferente es cuando alguien nos pide ayuda. Es importante ser capaz de ayudar sin esperar nada a cambio. Hazlo por el placer de dar por dar, de ofrecer tu tiempo, tu amor y tus recursos. Sin expectativas de recibir nada a cambio.

Dar por dar es hacerlo simplemente desde el deseo puro de conectar con otro ser humano, no de hacerle un préstamo, no es una transacción, sino un regalo.

 

La importancia de saber decir NO

Uno puede ser profundamente generoso con su tiempo y recursos, pero a la vez tener límites para decir no. El secreto es decir sí sólo a las cosas que te apetezcan hacer. No digas sí porque quieras algo a cambio, aunque sea agradecimiento por parte del otro, cariño o apreciación. Di sí, porque de verdad quieras ayudar, quieras dar de ti y expresar amor hacia otro ser humano.

Y una vez que hayas dicho sí, no te hagas la víctima cuando venga el momento de hacerlo. Hazlo apasionadamente como si la idea hubiera surgido de ti, o no lo hagas. Si alguien te pide algo y no tienes tiempo para hacerlo o no quieres hacerlo, díselo, eso no es ser tacaño o egoísta, eso se llama ser honesto.

Aunque es verdad que cuando te enfocas más en lo que puedes ofrecer que en lo que puedes recibir, no te pasa tan a menudo. Pero el día tiene 24 horas. Tienes que cuidarte, no puedes dejar de lado tus prioridades para satisfacer las de los otros. Pero siempre que hagas algo por otra persona, asegúrate que lo haces desde una generosidad genuina.

Todos en ocasiones hemos dado para recibir y en otras simplemente por el gusto de dar. 

Y tú, ¿sientes que estás dando demasiado?¿Estás empezando a sentir resentimiento? ¿Es momento de dar por dar? o ¿es momento de empezar a decir no?

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