En el artículo anterior dábamos algunas claves para no autosabotearte a la hora de emprender el camino hacia tus objetivos. Si quieres darles un repaso antes de seguir, puedes hacerlo aquí.

Hoy vamos a continuar profundizando en cómo hacer que este avance hacia tus sueños sea mucho más fácil y rápido.

 

1. La importancia de tener claro lo que quieres

Aunque sobre este tema ya he hablado largamente en el artículo anterior, creo que es necesario seguir ahondando en este punto. Dada su relevancia, prefiero pasarme de pesada que quedarme corta.  Es algo que me encuentro a diario con muchos clientes que vienen a mi consulta quejándose de algún problema o situación de la que quieren escapar pero cuando les pregunto ¿qué es lo quieres? (¿a qué aspiras en una relación?, ¿qué buscas en un hombre/una mujer? ¿A qué clase de trabajo quieres dedicarte?) … se quedan pensando, murmurando, intentando encontrar las palabras y finalmente me dicen “es que no lo sé” o balbucean algo vago por el estilo.

Tienen muy claro lo que no quieren pero no se han planteado realmente lo que sí. Menos mal que no me canso de insistir e indagar y en unos pocos minutos lo acaban concretando. Desde fuera puede parecer muy obvio y uno puede pensar que “eso a mí no me pasa”, “en mi vida yo lo tengo todo cristalino “, pero sinceramente, ¿estás segur@ de que no tienes ningún ángulo ciego? ¿no puede ser que tengas las ideas y las metas muy claras en un área de tu vida pero en otra/s vayas un poco a tientas?

Yo misma he estado muchos años sin saber muy bien lo que quería (y más perdida que Wally).

Photo credit: haegemanrobbe / Foter / CC BY

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Considero que esto nos pasa muy a menudo por varios motivos entre los que destacaré que:

  • No estamos entrenados en poner atención en lo queremos, si no en las cosas que nos desagradan y en los supuestos peligros que nos acechan.
  • Hemos heredado culturalmente la idea de que pedir o desear está mal, es pecado, que tenemos que dejarnos llevar y aceptar los designios divinos… ¿te suena? Es casi lo mismo que hacemos cuando ponemos los deseos y las necesidades de otros por delante de los nuestros, porque no vaya a pensar nadie que somos unos malvados egoístas. Pedir a la vida o al Universo lo que deseas, es simplemente poner la intención en lo que quieres experimentar o disfrutar tanto si es algo material, intelectual, emocional o espiritual. Es asumir responsabilidad sobre tu vida para tener libertad.
  • Nos da una pereza tremenda dedicar unos minutitos a pensar e imaginar lo que nos gustaría de verdad. Preferimos sumirnos en los quehaceres, “tengo que”, las tareas, las obligaciones o entretenernos con una mosca que pasa … Procuramos que se nos vea muy ocupados y así podamos decir sin atisbo de culpa “es que no tengo tiempo”. Poca gente está dispuesta a dedicar ese tiempo, pero si supiéramos todo el tiempo, dolores de cabeza y esfuerzo que nos ahorraríamos si lo hacemos, que es el tiempo mejor invertido, lo haríamos mucho más a menudo.
  • En un mundo con tantas opciones, tantas posibilidades, tanta información, muchas veces nos cuesta decidir qué queremos, como un niño ante un escaparate lleno de dulces. Es como estar mirando un buen rato la carta en un restaurante y no saber qué escoger. El camarero del Universo está esperando con paciencia infinita que le pidamos lo que queremos ordenar, él tiene toda la eternidad pero nosotros nos moriremos tarde o temprano… Te morirás sin comer por no haber pedido nada.
  • Nos da miedo equivocarnos. Por alguna extraña razón, creemos que si pedimos algo ya nos tenemos que quedar con ello y que ya no podemos pedir nada más.  No pasa nada si te equivocas a la hora de pedir, si pides ensalada y cuando la pruebas no te gusta puedes devolverla a la cocina y pedir pasta si lo prefieres. Lo único que hay que hacer es decidir qué quieres aun a riesgo de equivocarte. Este genio de la lámpara no te concede solo 3 deseos, tienes infinitos deseos para pedir, sólo tienes que atreverte a hacerlo.  Cuando pidáis a vuestro genio de la lámpara, pedid lo que queráis puede ser tanto algo material, como espiritual, no lo juzguéis, permitiros pedir lo que os de la gana.

Aunque alguien nos diga que hay una manera más fácil de conseguir lo que queramos, lo complicamos por nuestras resistencias internas. La única manera de que se vayan esas resistencias es a través de la experiencia.

Por eso, es tan importante que dediquemos cierto tiempo a aclararnos, a conectarnos con lo que realmente queremos, con lo que nos motiva, nos emociona, nos reta, nos incentiva, nos estimula y se alinea con nuestros valores.

Cuando uno no tiene ni idea de qué pedir, es interesante imaginar cómo te gustaría que fuera tu vida en 1 año,  en 3 y en 5 años. Puede ser tu vida en general o bien en un ámbito o situación específica. Te recomiendo empezar a escribir sobre ello. Al principio puede ser que sea un deseo muy genérico, no pasa nada, pero a medida que vayamos escribiendo sobre ello lo vamos concretando, le vamos dando forma como os explicaba en el artículo anterior. Nuestro pedido tiene que ser tan claro y conciso que cualquier proveedor pueda entender rápidamente lo que estamos pidiendo.

 

2. ¿Desde dónde lo quieres?

Hasta ahora hemos visto lo importante que es tener claro lo que queremos. Pero la clave para que pueda entrar en nuestra vida es la siguiente: ¿Desde dónde lo quiero? ¿Dónde me sitúo? Tenemos dos opciones:

  • Desde la carencia, la necesidad, desde mi visión limitada de las cosas, desde la parte reducida de la realidad que perciben mis sentidos, desde la versión imperfecta de mí, desde mi amasijo de huesos y carne y mi personalidad construida con tanto esfuerzo durante años, desde mi dimensión densa en la que sólo percibo la materia, que recordemos es sólo el 0,0001% del Universo (no llega ni a calderilla).
  • O me sitúo desde la Abundancia: sólo recordándote algo tan simple pero que se nos olvida todo el rato, es que somos también ese otro 99,999% de Universo, de vacío lleno de posibilidades, que somos energía que interactúa constantemente con nuestro alrededor, que somos nada menos que polvo de estrellas, y que somos uno con todo el Universo. Si te sitúas desde aquí como que la cosa cambia ¿no?

 

Photo credit: fronx / Foter / CC BY

Photo credit: fronx / Foter / CC BY

La mayoría de nosotros estamos creando nuestra realidad desde la primera perspectiva, estamos tan enganchados a esta realidad virtual que nos la creemos a pies juntillas, a pesar de que ya en el colegio nos avisaron de que estamos vacíos (Eoooo!!!¿hay alguien ahí dentro?). Cada vez que lo pienso me quedo loca, es muy fuerte que las cosas no sean como las vemos, no me extraña que estemos tan confundidos. Estamos basando nuestras opiniones y decisiones sobre una información muy incompleta captada por nuestros limitados sentidos físicos (algunos animales nos dan mil vueltas en percepción visual o auditiva por ejemplo) y digerida por el estómago de nuestras ideas, conceptos y creencias adquiridas a lo largo de una vida de percepciones erróneas.

Cada vez que me propongo algo, puedo ser un ser humano limitado con mis recursos y capacidades o puedo ser un ser ilimitado que es uno con el Universo. Cuando estamos en nuestro ser limitado (me gusta llamarle miniyo), nos cuesta sacar a relucir nuestros recursos y talentos, especialmente en algunas culturas como la mía. Nos resulta complicado, hasta en nuestra intimidad con nosotros mismos, de tan escondidos que los tenemos bajo la capa oscura de una falsa modestia. Hemos comprado que es de pedantes hablar bien de uno mismo, tendríamos que aprender de países como Estados Unidos, ahí se venden mejor que nadie y eres tonto si no hablas de tus cualidades.

Cuando me sitúo en mi miniyo muchas veces lo que me propongo me parece imposible o muy difícil. Mientras que si me acuerdo de que no soy sólo ese 0,0001% de materia sino que soy un ser ilimitado con recursos ilimitados interactuando constantemente con el Universo todo me parece posible.

Aunque no nos vamos a engañar, no es fácil mantenerse allí, con un nivel de conciencia tan elevado. A veces se nos olvida, cuando nos enfrentamos con la “cruda realidad” (levanto la mano): las facturas pendientes, los berrinches de los hijos, el mosqueo del jefe… Entonces nos caemos de culo de nuestro pedestal universal. Tanto meditar y tanto Om para luego desplomarme y volver a verlo todo negro desde los ojos llorosos de mi miniyo.

 

3. El arte de permitir

Si pudiéramos mantenernos todo el rato en ese estado de conciencia de mi Gran Yo, no tendríamos que hacer nada, sólo permitir que los recursos vinieran a nosotros. Pero mientras no nos podamos mantener ahí, necesitamos actuar.

Cuando nos situamos en el miniyo lo hacemos desde el esfuerzo, sudando la gota gorda y agotados. Pero qué bien nos sentimos cuando lo hemos logrado,¿verdad? Nos enorgullecemos de lo que somos capaces de soportar. Adictos al hacer hasta que el cuerpo nos pare a través de la enfermedad.

Nos agobiamos con todo lo que necesitamos, todos los pasos que tenemos que dar, por ejemplo, para montar tu propio negocio, encontrar tu público objetivo, diseñar tu producto o servicio, buscar financiación, hacer marketing, la web, hacer contactos, … qué agobio, no sé ni por donde empezar…

Si estamos ahí en ese 0,0001% poniendo nuestros recursos y diciéndole al Universo, gracias pero no hace falta que me ayudes ya me encargo yo de todo, no pongas tus infinitos recursos a mi disposición, que me gusta llevarme todo el mérito aunque me cueste más caro y tarde más en conseguirlo.

Es el yo me lo guiso y yo me lo como”: es como cuando estás  en un restaurante y viene a tomarte nota el camarero. Tienes tanta hambre que no puedes esperar a que te traigan la comida. Crees que si lo haces tú mismo todo irá más rápido, así que te levantas de la mesa, le quitas la nota de la mano al camarero y te metes en la cocina. Amablemente le dices a los cocineros que se aparten y que te dejen cocinar tu cena. El chef te pide que te sientes, que no es tu trabajo, que tú ya has pedido y que ellos se encargan de preparártelo, pero no quieres escuchar, prefieres hacer todo el trabajo tú. Entonces ellos se apartan y te dejan que la líes entre cacerolas. Te pierdes ese preciado tiempo en el que podrías disfrutar de la compañía, de conversar relajadamente con una copa de vino, escuchando la música, observando el ambiente, estando presente, mientras esperas que te traigan tu plato. Pero no, prefieres estar sudando en la cocina entre fogones, mancharte ese traje tan elegante para tardar al final más, y que no te salga seguramente tan delicioso, porque si hubieras dejado trabajar al equipo que estaba a tu servicio, al chef y sus ayudantes, que son especialistas en lo que tú has pedido, hubieras podido disfrutar de la velada como te mereces. ¿No ves que al final vas a pagar la cuenta de todas formas?

¿Por qué nos emperretamos en hacer las cosas complicadas? Desde mi miniyo lo hago desde la lucha, el sufrimiento, la frustración, la desesperación mientras insisto en remar a contracorriente. Me compro un mueble en una tienda sueca muy conocida, lo meto a presión en el coche, luego me dispongo con determinación a montarlo con las instrucciones a mano y después de varias horas de lucha, de piezas que faltan, de aguantar una pata con una pierna para que no se desmonte mientras monto la otra, como si jugara al twister pero sin diversión y tras varias horas y mucho esfuerzo consigo tener mi mueble en el salón. Pero cuando estoy en mi ser ilimitado, me traen el mueble y me lo montan y yo sólo tengo que pedirlo y disfrutarlo.

Cuando nos ponemos en lo que queremos sin hacer caso a los pensamientos limitantes (es que yo no puedo, no sé como, no lo valgo, no me lo merezco, es que con lo difícil que están las cosas, y si fracaso, y si me rechazan…) nos estamos permitiendo aceptar que nuestros anhelos dejen de estar en el mundo etéreo de los deseos  para materializarse en nuestra vida.

Cuando nos lo permitimos, cuando tenemos ganas de hacer algo y nos decimos , nos llega la ayuda que necesitamos, aparecen (salen del plano no visible y se hacen visibles) esas manos a echarnos un cable, esos “ángeles” a ofrecernos esas oportunidades, esas señales, esos inversores que creen en nuestro proyecto, esa amiga que te invita a la fiesta en la que conoces a esa persona tan especial, alguien que te propone dar una conferencia, ir a un evento donde conoces colaboradores que te van a abrir nuevas puertas, nunca se sabe… Pero para ello, tenemos que estar el máximo de tiempo en nuestro ser ilimitado, hay que estar abierto a que ese Universo de infinitas posibilidades se exprese a través nuestro, aunque nos de respeto, incluso miedo. Porque aunque no lo admitas ya eres ese universo de infinitas posibilidades, si no lo haces conscientemente vas a estar atrayendo a tu vida más de lo que no quieres, sólo tienes que reconocerlo y recordártelo.

No es necesario mantenerse en ese estado de consciencia todo el rato, eso es algo demasiado complicado para la mayoría de mortales, es muy difícil sostenerlo continuamente, pero sí que es importante recordarlo de manera regular especialmente a la hora de definir lo que deseamos.

Solemos necesitar hacer algún tipo de ritual o visualización, que por otro lado realmente no es necesario, pero es la manera de no perder la consciencia de lo que somos realmente, es la manera de mantenernos en ese nivel de conciencia más elevado, porque si no lo hacemos así, no nos lo creemos y entonces no lo permitimos.

 

4. Toda realidad comienza en la mente

Y me preguntarás “y ¿cómo llevo yo ese estado de consciencia mañana a la oficina con el mal rollo que tengo con mi jefe o compañeros? ” Te entiendo, yo también vivo experiencias y situaciones que no son deseables para mí, pero me doy cuenta de que todo ese mal rollo me lo he creado yo misma desde el estado de consciencia de mi miniyo.  Primero lo creé en mi mente sin darme cuenta. Lo creé yo porque nadie más vive en mi mente y es necesario empezar a asumir la responsabilidad de nuestra propia experiencia y preguntarnos ¿Qué pasa en mí que genera esto en mi realidad?

Cuando yo me di cuenta que estaba en un trabajo que ya no me gustaba para nada, después de tantos años de echarle la culpa a las circunstancias  por fin asumí mi responsabilidad. La culpa no era de mi trabajo, ni de mis jefes, ni de mis compañeros, ni de los clientes. En cuanto haces ese cambio de consciencia, todo a tu alrededor empieza a cambiar, pero lo hace en función del tiempo en el que te has mantenido en ese estado de creación inconsciente atrayendo todo lo que te resulta desagradable.

Ahora cuando estoy viviendo una situación no deseable, ya no me entretengo en ver de donde me viene esto, ¿por qué me lo he creado? Simplemente dejo de ponerle atención, de alimentarlo y me pregunto ¿Qué es lo que quieres, Raquel? Cuando tengo claro lo que quiero, froto mi lámpara mágica y al salir el genio,  le digo en voz alta lo que quiero y permito que venga a mí.

Todo lo que deseas ya existe en un plano energético e invisible, aunque no lo veas. Esa pareja, ese trabajo, ese bolso, ese coche…todo es lo mismo, está hecho de lo mismo que tú, átomos y energía. Sólo porque nuestros sentidos no lo están percibiendo ahora, nuestra realidad actual no lo está reflejando, se nos olvida o nos cuesta creerlo. Esto está ocurriendo constantemente, aunque no nos demos cuenta, lo hacemos inconscientemente, cuando pensamos en algo con emoción, tanto deseado como no deseado, ya lo estamos creando en otro plano, aunque no lo percibamos. Y mientras más pensamos en ello y con más intensidad lo hagamos más fuerza le estamos dando, nos imaginamos que está ocurriendo y como nuestra mente no distingue entre realidad e imaginación ya empezamos a vibrar en la misma frecuencia y empezamos a atraerlo a nuestra vida. Por eso es importante no mantenernos en el pesimismo, la negatividad, ni en la preocupación constante, porque eso nos va sumiendo en estados de ansiedad y estrés que debilitan nuestro campo energético, nuestra salud y nos amargan la vida. Si nos empepinamos en seguir en nuestra película de terror acabamos materializando nuestra peor pesadilla.

Pero cuando uno es consciente de que primero crea su realidad en su mente, te concentras en lo que quieres, te sientes como si ya lo tuvieras y luego dejas que actúe el Universo.

No estoy diciendo que no tengamos que hacer nada, porque la mayoría de nosotros no podríamos quedarnos con las manos quietas esperando que le vengan las cosas. Pero sí que cuando nos pongamos a hacer algo lo hagamos desde la inspiración y la motivación porque es lo que va a funcionar realmente. Aunque nos pasemos un buen rato haciendo algo por nuestro objetivo se nos va a pasar volando porque estaremos alineados con él, disfrutando “en la zona” como niños. El tiempo se pasará volando y nos va a parecer que sólo ha sido un instante. Saldremos fortalecidos y con ganas de volver a ello, incluso las tareas que menos nos agradan las resolveremos con más diligencia o bien alguien se ofrecerá a solucionarlas por nosotros.

Y cuando notes que las cosas se te empiezan a complicar otra vez, deja de luchar, de resistirte, observa desde donde las estás creando. Párate un momento, alíneate con lo quieres y luego permite que el Universo te eche ese cable.

 

Ahora te toca a tí: ¿desde dónde estás creando tu realidad?

 

 

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