Si la soledad te da miedo o te parece aburrida,

es que no te has permitido disfrutar de tu propia compañía

¿Cuándo fue la última vez que saliste a pasear solo? Junto a ese compañero invisible que te reconforta, que te habla sin palabras a través del canto de los pájaros, las risas de los niños, del murmullo de la calle.

¿Has sentido alguna vez como ese amante te acariciaba con los dedos del viento?¿Como te sostenía a través del firme suelo?, ¿Como masajeaba con la suave arena la planta de tus pies?

¿Has sentido su apoyo de fuerte roca?¿Te ha sobrecogido alguna vez ese amor silencioso y eterno del abrazo de un árbol?

Ese amigo mar, que se embebe tus lágrimas y se lleva tus penas en cada caricia de sus olas.

Ese padre sol que te envuelve en su calor amoroso y la tierra que te acoge en su frescor maternal.

Cuando uno está solo, puede escuchar la voz de su interior. Puede ver su propia belleza en lo externo. Estás más que nunca presente. Te permites más que nunca ser tú mismo, sin caretas, sin composturas.

Puedes mirarte desnuda en el espejo. Aceptar tus cicatrices y amar tu belleza imperfecta pero única.

Te permites hacer lo que te da la gana, cuando te da la gana. Eres tú misma o juegas a interpretar el papel que quieras.

Decides cuándo estar solo o cuando quieres estar con otros. No porque los necesites. No porque te de miedo la soledad, sino porque tienes tanto amor… que no puedes más que compartirlo.

Cuando consigues disfrutar de tu soledad, te das cuenta de que nunca estás solo.

 

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