Superar el final de una relación


Mis queridos incondicionales, disculpadme por estar un poco ausente este último mes. En Facebook he compartido consejos pero el blog ha permanecido un tanto abandonado. He estado inmersa en el cuidado de mi bebé y aunque he intentado en varias ocasiones escribir un post no he tenido ni el tiempo ni la energía para hacerlo como os merecéis y no quería publicar cualquier cosa mediocre para salir del paso. Se me han acumulado algunas de vuestras consultas y espero ponerme al día lo antes posible (con el permiso de mi pequeña).

Empezamos! Nuestra maravillosa amiga Bea nos cuenta lo siguiente:

Estoy preocupada porque en los últimos meses varias personas cercanas de mi entorno me han dejado. Hace 6 meses falleció una muy buena amiga con la que estaba muy unida, mi novio con el que he mantenido una relación de 4 años me ha dejado hace 1 mes y la semana pasada después de una discusión mi mejor amiga de la infancia me dijo que no quería volver a verme.

Me siento confusa, todo alrededor mío está cambiando y yo misma siento que estoy cambiando. No veo las cosas de la misma manera que hace un año, me siento diferente, más sensible y situaciones que antes no me afectaban ahora me hacen daño.

No sé si tiene relación con algo que estoy haciendo o pensando, me siento muy culpable y les echo mucho de menos ¿Hay alguna razón por la que las personas que quiero me abandonan? No sé cómo superarlo.

Querida Bea, me alegra que hagas esta pregunta. Muchos de nosotros hemos vivido momentos en los que personas cercanas empiezan a desaparecer de nuestra vida, o bien, de repente ya no nos sentimos a gusto con ellas a pesar de que antes estábamos muy unidos.

En la obra de teatro de tu vida, están apareciendo y desapareciendo personajes continuamente, cumplen su función y se van, unos tienen más protagonismo, otros pasan casi desapercibidos; unos tienen actuaciones más largas y otros hacen breves intervenciones pero muy decisivas. Por mucho que nos cueste aceptarlo, las personas nos acompañan un tramo más o menos largo del camino, pero no durante todo el viaje.

El hecho de que coincida que estén desapareciendo varias personas de tu entorno puede deberse a que estás entrando en un nuevo nivel en el que ya no son necesarias las funciones que estaban cumpliendo estos seres. Seguramente estás viviendo cambios internos, tu vibración energética se está modificando y estás dejando de atraer personas y circunstancias para atraer otras nuevas con vibraciones más afines.

Una persona aparece en tu vida porque su camino se cruzó con el tuyo en un momento determinado y habéis continuado juntos mientras vuestros raíles iban en paralelo. Ambos estáis en movimiento porque en el viaje de la vida no puedes quedarte mucho tiempo en el mismo sitio, si te quedas demasiado te aburres, empiezas a sentirte incómodo, apático y comienzas a perder perspectiva e ilusión.  Por eso, necesitas avanzar, sacudirte el polvo de la pereza y el miedo, y seguir adelante porque te esperan maravillosas aventuras.

Mientras crecéis y evolucionáis vuestros caminos convergen y después divergen. Cuando os separáis, ambos continuáis vuestro rumbo hacia maravillosos lugares. Nadie tiene porque ir a sitios horribles. Aunque puedes convertirlo en un destino sombrío si empiezas a vomitar sobre ello, lamentándote porque esa persona no te ha acompañado, pero, como todo en la vida, ésa es tu elección. Y cuando quien se separa lo hace para pasar al otro lado, puedes pensar que va a un lugar peor pero también puedes escoger creer que va a un lugar mejor y que está continuando con su evolución natural.

Photo credit: enjosmith / Foter / CC BY-SA

Photo credit: enjosmith / Foter / CC BY-SA

Nos cuesta mucho aceptar este hecho a pesar de que es inevitable y natural. Cuando lo aceptamos sin enfadarnos con la vida, el dolor de la pérdida dura mucho menos y nos recuperamos antes para seguir disfrutando de la maravillosa obra de teatro de la que somos los protagonistas. Es necesario asumir que las pérdidas van a sucederse tarde o temprano, ya que no podemos mantener nada ni a nadie eternamente. La vida, las relaciones, e incluso las cosas terminan desvaneciéndose en el plano material.

Básicamente, lo que nos hace sufrir en exceso e innecesariamente cuando nos separamos de alguien a quien hemos amado es:

1) El apego tóxico, como cuando nos quedamos  enganchados a relaciones disfuncionales, fracasos amorosos, conflictos familiares… que no nos permiten avanzar, ni desplegar nuestro potencial, manteniéndonos anclados al pasado.  Por eso, por mucho que nos cueste es necesario perdonar para poder liberarnos.

2) El sentimiento de culpa, cuando nos preguntamos qué error hemos cometido, qué hemos o qué no hemos hecho para que el otro desaparezca, se decepcione, se aburra, o se canse de nosotros o para que Dios, la vida o el Universo nos lo haya arrebatado. Pensamos que tenemos la obligación de hacer que las relaciones duren, y si no lo conseguimos hemos  fracasado. Cuando alguien sale de tu realidad, no es porque ni tú ni la otra persona hayáis metido la pata, sino porque ambos seguís evolucionando pero lo hacéis en diferentes direcciones y es por eso que ya no os encontráis, pero no es la culpa de nadie.

3) El miedo a la soledad y a la incertidumbre. Cuando pensamos que nuestra vida sin la otra persona sólo puede ir a peor, que no volveremos a ser felices ni a vivir momentos de dicha.

 

Una relación no deja de ser válida porque se haya acabado

No ha sido un error porque llegó a su fin. El que finalice sólo significa que esa relación ya ha servido a su propósito o propósitos para ayudarte a evolucionar. Y muchas veces, el trago amargo de la despedida es la última y más grande enseñanza que tenía este maestro pasajero para ti. Una amistad que se acaba no significa que hayas fallado siendo una buena persona o una buena amiga. Y esto se aplica igual a lo romántico, estar soltera no quiere decir que seas un desastre para hacer que una relación funcione.

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Photo credit: Dimas_ / Foter / CC BY-NC-SA

¿Estás solo o acompañado?

Puedes verte viajando solo y a breves intervalos acompañado, pero básicamente en solitario. O puedes alegrarte cada vez que conoces a alguien que te deja huella y decirte “qué suerte he tenido de conocer a esta persona, y… Mira! ahora aparece otra persona super interesante,… y ahora esa otra….Y sentirte siempre acompañado y amando en el otro lo que refleja de ti.

Esto no significa ir frívolamente por la vida, sin implicarse emocionalmente con nadie, sino que es una manera más sana de vivir y dejar vivir libremente. Los vínculos afectivos son muy necesarios para nuestro crecimiento personal. En algún momento las personas se irán, los hijos crecerán y volarán fuera del nido, algunos amigos dejarán de serlo y de algunos amores sólo nos quedará en los labios el sabor agridulce de su recuerdo … Aprender a desapegarnos nos ayuda a afrontarlo con más fortaleza, sin cerrar nuestro corazón ni hacer pagar al siguiente que entre en tu vida el precio del dolor que nos dejó el anterior, y sobretodo, sin perder nuestra inmensa e inagotable capacidad de amar.

Una de las cosas que echo de menos de viajar sola es la capacidad que desarrollas para estar presente . Disfrutas de la tranquilidad de los momentos en los que estás contigo misma y el paisaje, sin necesidad de hablar, tranquila y a gusto, pero abierta a conocer a gente. Te vuelves un imán para las personas y cuando quieres compañía encuentras a alguien con quien conversar, agradecida de que el viaje te aporte tantos momentos y personas interesantes.

 

Cuando alguien sale de tu vida deja el asiento libre para que llegue otra persona extraordinaria

Cuando se va tu mejor amiga de la infancia deja espacio para otra persona más afín a ti en este momento. Recuerda que es imposible que el amor de tu vida te abandone, ya que el amor de tu vida eres tú, y tus parejas sólo reflejan ese lado amoroso  y a veces sombrío que todos tenemos.

Lo que importa es la calidad, no lo que dura una relación

¿A quién le importa cuánto duran las relaciones? Lo que importa es la calidad, cómo te sientes en esas relaciones, qué te aportan, qué aprendes…No tienes porque ir por la vida sola, (aunque, como he dicho antes, también te lo puedes pasar muy bien) puedes tener muchos encuentros, muchas aventuras, conocer gente maravillosa. Pero si tienes miedo a estar solo, necesitas a alguien que esté  a tu lado para toda la vida, para que dependa de ti, para que se responsabilice de ti… entonces es cuando la separación se hace insoportable.

Podemos concentrarnos en la pena de la pérdida, en sentirnos abandonados, fracasados, en lo injusta que es la vida que nos arrebata a ese ser querido, en lo solos que estamos. O podemos alegrarnos por los regalos que nos ha dejado esa persona, esos maravillosos recuerdos, confidencias, las veces que le apoyaste y las veces que te ayudó, lo que aprendisteis juntos incluso cuando no os entendíais. Cuando alguien sale de tu vida quédate con lo que te dejó no con lo que te ha quitado.

 

 

“Si amas algo déjalo libre, si vuelve a ti, es porque siempre fue tuyo y si no, es porque nunca lo fue”

 

Cuando alguien te deja, no se puede llevar lo que la relación fue

No puede disminuir su valor. La relación es una cosa, el final de la relación es otra, no pierdes la relación que tuviste simplemente porque no continuó.

Si estuviste saliendo con un chico y te lo pasaste de película con él, pero la relación acabó, eso no cambia que disfrutasteis juntos. Todavía puedes apreciar lo maravilloso que fue. En lugar de eso lo que hacemos es lloriquear pensando en que “ya no lo pasaré así de bien nunca más, ya no volveré a tener esos momentos tan únicos jamás, no tan buenos como estos …”

Pero si estuviste en sintonía con ese gran momento, ¿qué es lo que te hace pensar que nunca más estarás en la misma frecuencia? La única manera de que no estés vibrando con ello es decidiendo que nunca más vas a pasártelo bien otra vez, eso es lo que realmente lo estropea todo.

 

No es nuestra obligación hacer que dure para siempre

Por eso, es mucho más sano salir de una relación que se acaba como quien se baja de una atracción y se dice guauuuu, ¡qué divertido estuvo! ¿Y ahora qué toca? Pero esto nos parece frívolo y preferimos lastimarnos con el látigo de ” ¿qué es lo que está mal en mí que no ha conseguido que esto funcionara?” Podemos llorar cuando lo necesitamos, ese llanto nos limpia y nos sana. El duelo es básico para integrar esa pérdida, recogernos en nosotros mismos y reflexionar sobre lo que esa persona nos aportó es muy sanador.

Las amistades, los seres queridos que fallecen, las relaciones de pareja…todas traen la misma trampa: nuestra idea que tenemos que hacer que duren, que funcionen y si no lo conseguimos hemos fracasado. Pero es una chorrada pensar que es cosa nuestra hacer que funcione, porque no tiene sentido seguir el camino del otro o que el otro nos siga a nosotros, si realmente queremos estar en otro sitio, eso es estar encadenados. Y si uno de los dos es tan “egoísta” como para abandonar el carro y cambiar de dirección dejando una relación de pareja o amistad o simplemente falleciendo, lo mejor que puede hacer el otro es respetar su libertad y continuar con su vida.

El árbol no se queda ahí sentado lamentándose cuando llega el final de su vida, simplemente se entrega a la tierra para alimentar a los otros árboles y un nuevo árbol brota en su lugar. La naturaleza no se apena cuando algo se acaba porque sabe que todo es cíclico, que nada acaba realmente, nada muere. Por un lado todo es temporal, todo está cambiando, todo se acaba en su apariencia externa pero lo que realmente hace es metamorfosearse porque en el nivel energético nada realmente acaba, todo es permanente.

Estamos siempre cambiando, pero no nos gusta para nada cambiar, pero ¿qué pasaría si el gusano se negara a salir del capullo como mariposa?, ¿y si el árbol no dejara que cayeran sus hojas al suelo? No se nutriría la tierra ni se protegerían las plantas del suelo del invierno, ni podríamos disfrutar de la belleza del cambio de colores de las hojas que cubren los mantos bajo los árboles.

Hay un propósito en el cambio, y es un buen propósito, sin cambio no hay evolución, no hay aventuras,  nos quedamos helados en el tiempo, sin cambio no hay instantes, ni presente que vivir.

 

¿Y por qué tenemos tanto miedo de los cambios?

Porque asumimos que van a ser negativos, que van a ser a peor, para eso nos quedamos como estamos ¿no? Pero ésta es una creencia estúpida, sin fundamento y la podemos cambiar al revés pensando que cualquier cambio es para mejor, y eso es lo que yo realmente recomiendo, asumir que lo que está por venir es mejor de lo que acabamos de tener, porque si lo permites ser, así lo será, pero si no lo permites ser, te lo reflejará de vuelta. Pero eso depende de ti, tú decides.

Cuando asumes que lo que está cambiando es a peor, por ejemplo, tu relación con tu pareja está cambiando y asumes que es a peor, es normal que te sientas tan mal porque no es eso lo que quieres. Y ese malestar lo que hace es avisarte de que te estás alineando con algo que no quieres, “¡Alarma, alarma!, ¿Quieres hacer algo al respecto antes de que se manifieste en algo muy desagradable?” Por eso es mucho mejor ver que las cosas siempre están cambiando para mejor. ¿Por qué asumes que vas a estar peor sin tu amiga? ¿Por qué asumes que tu vida no va a tener sentido si ese hombre sale de tu vida? No tienes manera de saber que tu vida va a ser peor, no tienes evidencia de eso, simplemente estás asumiendo algo que te hace sentir mal, pero en el momento en el que te das cuenta, puedes arreglarlo. Estás asumiendo que  nunca más serás feliz sin ese hombre, pero ¿cómo lo sabes? “Oh, no lo sé,  pero es que ¡él era el amor de mi vida!”. Él no era el amor de tu vida, sólo era lo que te estaba preparando para el que realmente será el amor de tu vida.

Photo credit: h.koppdelaney / Foter / CC BY-ND

Photo credit: h.koppdelaney / Foter / CC BY-ND

 

Es necesario romper los lazos

El hecho de vincularnos afectivamente con otros y confundir ese amor con poseer o ser poseído por el otro, crea unos lazos que nos mantienen unidos por alguno o algunos de nuestros centros energéticos a través de permisos y promesas que nos hemos hecho. Y es por eso que cuando por diferentes circunstancias nos separemos de esas personas hemos de retirarles estos permisos y promesas para liberarnos y romper dichos lazos que sólo nos mantienen atados al sufrimiento. Eso no quiere decir que les traicionemos. Nos seguimos despidiendo de ellos amorosamente, deseándoles suerte en su viaje. Porque uno ha de quererse y cuidarse a sí mismo, decides que ya no hace falta que te lleven arrastrando de ese cable invisible dando tumbos, o tirándote hacia atrás sin dejarte avanzar por tu camino.

Una de las maneras de romper estos cables es crear un decreto en el que dices:

Yo, (tu nombre y apellidos), te retiro los permisos y me libero y te libero de nuestras mutuas promesas” (y repetirlo 3 veces)

Puedes decir ésto o algo similar con lo que te sientas cómodo. Lo ideal es hacerlo dentro de un pequeño ritual que crees tú mismo y que para ti tenga un significado, sea hermoso, te libere y te de paz. Por ejemplo, puedes escribirlo en un papel, envolver con él una piedra y tirarlo al mar mientras dices el decreto, o bien, quemarlo con una vela, o enterrarlo debajo de un árbol. Cualquier ritual, en el que lo devuelves de alguna manera a la tierra para que lo recicle o lo transforme es igual de válido.

 

En definitiva

Vive con el espíritu y la mente abierta del viajero solitario que agradece cada instante único, los encantos de cada lugar que visita y la compañía de cada persona que se cruza en su camino.

 

Y tú, ¿te han dejado últimamente?,¿cómo lo llevas?

 

 

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