¿Te ha pasado que miras tu vida y piensas: «He hecho lo que se suponía que tenía que hacer, pero… ¿esto es lo que quiero?»?

Si estás pasando por algo parecido, en este post tienes 5 claves para explorar lo que puede estar pasando y así poder atravesar esta crisis existencial con más tranquilidad y conciencia.

¿Cómo sé si estoy en una crisis existencial?

Estas preguntas pueden ayudarte a explorar cómo te encuentras. No son un test ni permiten diagnosticar una crisis.

  1. ¿Te sientes bloqueado/a emocionalmente?
  2. ¿Te notas estancado/a en algún área importante de tu vida (trabajo, pareja, familia, amistades …)?
  3. ¿Te sientes atrapado en una situación de la que no te atreves a salir?
  4. ¿Te sueles levantar por las mañanas con ansiedad?
  5. ¿Cuando miras hacia el futuro lo ves todo bastante negro o sin ilusión?
  6. ¿Te notas con mucha menos energía y ganas de hacer cosas que antes?
  7. ¿Te cuesta más de lo habitual tomar decisiones, especialmente las importantes?

Puede que te estés sintiendo atrapado en alguna situación, como un trabajo que ya no te gusta o una relación en la que no quieres seguir. Estar en un sitio que sientes que no es tu lugar puede ser muy doloroso.

¿Y qué dice la psicología de todo esto?

La astrología no es la única que se ha fijado en esta etapa. La psicología también ha estudiado las crisis que pueden aparecer entre los veintitantos y los primeros treinta.

Oliver Robinson y sus colaboradores encontraron, en entrevistas con personas que habían vivido una crisis entre los 25 y los 35 años, situaciones de sentirse atrapadas en un trabajo o una relación que ya no querían. Algo parecido a: «He llegado hasta aquí, pero… ¿de verdad quiero seguir por este camino?».

No significa que haya una crisis esperando a todo el mundo al soplar las velas de los 29. Pero sí ofrece una mirada psicológica a ese momento en el que lo que parecía encajar empieza a quedarse pequeño, o directamente a apretar.⁠

¿Qué es el Retorno de Saturno y cómo me afecta?

El retorno de Saturno ocurre cuando el planeta vuelve aproximadamente a la posición que ocupaba al nacer, alrededor de los 29 años. Esta es una lectura espiritual y simbólica, no una explicación médica de lo que nos ocurre.

Desde esta mirada astrológica, cada alma viene con sus dones y sus aprendizajes. La carta natal nos ofrece un mapa para explorarlos, no un guion que tengamos que cumplir al pie de la letra.

Saturno vuelve para que pongas orden en tu vida

En esta lectura astrológica, Saturno representa una energía masculina que viene a ordenar nuestra vida. Aquí energía masculina es una forma simbólica de hablar de estructura, límites y dirección, no de hombres o mujeres. Nos invita a revisar si estamos siguiendo un camino acorde con nuestro verdadero ser o si nos hemos ido por otros derroteros.

El retorno de Saturno te anima a reconectarte con lo material y tu cuerpo

En este mapa astrológico, a nivel del ego nuestra personalidad tiene tres niveles:

  • El nivel terrenal o material, que representa Saturno.
  • El nivel emocional, que representa la Luna.
  • El nivel mental, que representa el Sol.

Desde esta mirada, nuestra alma ha venido a expresarse en lo material y corporal. Por lo que no podemos solo vivir en la parte mental o en la parte emocional.

Pero muchas personas están demasiado perdidas en sus mentes y emociones, por lo que les cuesta materializar lo que quieren y también les cuesta estar en el cuerpo.

Y, si nos hemos ido por otros derroteros, Saturno viene a darnos ese toque de atención: «Oye, ¿por aquí es por donde quieres seguir?». Una oportunidad para parar y revisar el rumbo, no para pensar que hemos hecho todo mal.

El retorno de Saturno te invita a responsabilizarte de tu vida

Si la responsabilidad nos da urticaria, podemos vivirla como una colección de «tengos que». Todo son cargas, obligaciones y compromisos. Y disfrutar parece algo que ya haremos cuando terminemos la lista. Si es que la lista termina algún día.

A veces intentamos escapar de cualquier compromiso. Otras nos vamos al extremo contrario y nos hacemos cargo de todo, incluso de lo que no nos corresponde.

No querer pareja, hijos o una determinada vida profesional no significa ser irresponsable. La pregunta es si lo estamos eligiendo o si el miedo está decidiendo por nosotros.

Desde esta mirada, Saturno nos invita a revisar esa relación con la responsabilidad. No se trata de cargar con más, sino de elegir qué queremos asumir y dejar de sostener lo que no nos toca.

Y responsabilizarte de ti también significa cuidarte. No es olvidarte de tu pasado y tirar para adelante como si nada.

Escuchar el cuerpo puede ayudarte a reconocer la tensión con la que asumes algo y preguntarte: «¿Estoy eligiendo esto o siento que no puedo decir que no?». No es una respuesta automática, sino una oportunidad para escucharte.

Si reconoces necesidades de cariño o protección que no quedaron atendidas en tu infancia, la imagen del niño interior puede ayudarte a acercarte a esa parte de ti con comprensión. No para añadir otro «tengo que sanar», sino para cuidarte sin tratarte a patadas por el camino.

Madurar no es volverse serio

Cuando oímos «madurar», a muchos nos viene la imagen de alguien con cara de lunes y la agenda llena de obligaciones. Pues no. Desde esta mirada, Saturno no viene a quitarte la alegría, sino a que dejes de vivir desde el «tengo que» y empieces a vivir con sentido.

Es un cambio de chip: pasar de esperar que alguien nos cuide a saber cuidarnos, y también cuidar. Pasar de pedir amor a aprender a darlo. Del niño que busca protección a la persona adulta que puede ofrecerla, empezando por sí misma.

La psicología lo describe como pasar de una vida dirigida por lo que esperan los demás a una que eliges tú. En lenguaje más espiritual, hablaríamos de voluntad de servicio: poner lo que eres al servicio de algo que te importa.

Eso sí, servir no es volver a cargar con todo. Piensa en un vaso con grietas: por mucho que le echen, se va perdiendo, y vive con esa sensación de carencia, esperando que alguien de fuera lo llene. Cuando das desde ahí, en el fondo estás pidiendo. En cambio, un vaso fuerte, que se cuida y se llena de sí mismo, no necesita que nadie lo rellene: da porque rebosa.

A mí este cambio me costó lo suyo. Y sigo afinándolo cada día.

Saturno y la oportunidad de atender tus heridas y tus miedos

A veces no somos conscientes de cuánto nos han marcado ciertas experiencias de la infancia. Podemos pensar: «Mi infancia ha sido muy feliz», «mi familia súper maja, todo genial», y aun así haber aprendido formas de protegernos que hoy siguen funcionando sin que nos demos cuenta.

 Trabajar con el inconsciente puede ayudarnos a reconocer esos miedos y patrones, aunque no tengamos claro cuándo ni cómo empezaron. Se trata de comprender qué nos sigue pesando, no de forzarnos a recordar algo.

No hace falta que estemos hablando de maltrato o accidentes graves para reconocer que algo nos afectó. Una operación o un tratamiento médico también pueden haberse vivido con mucho miedo, sin que tengamos que llamar trauma a toda experiencia difícil.

Desde esta mirada, el retorno de Saturno puede ser una oportunidad para atender lo que sigue pendiente. No significa que todo lo que nos pasa venga de la infancia.

El retorno de Saturno es una oportunidad para reconectarte con tu esencia

Para protegernos, podemos ir desarrollando, sin darnos cuenta, mecanismos de supervivencia que pasan a formar parte de nuestra personalidad.

De niños nos aferramos a esos mecanismos, a ese personaje que nos creamos, para ser aceptados, para encajar, para tener seguridad, para que nos quisieran.

Y, como es algo que hacemos de forma repetida, acaba saliendo solo. Podemos identificarnos tanto con ese personaje que pensamos: «Es que yo soy así».

Pero esos patrones, que en su momento nos ayudaron, pueden acabar haciéndonos daño si los llevamos al extremo. Y separarnos de lo que realmente queremos, porque seguimos intentando encajar o no decepcionar.

Los patrones de supervivencia te impiden ser tú mismo

Ya de adulto te puede llegar ese momento en el que te das cuenta de que la profesión por la que has estado luchando tanto tiempo no es realmente lo que te gusta. Pero la escogiste porque era lo que se valoraba en tu casa, por tradición familiar, porque es a lo que te animaron. No querías decepcionar, y ni siquiera te preguntaste si realmente era lo que querías.

Esos patrones pudieron ayudarte en la infancia, cuando no tenías el conocimiento, la fuerza ni los recursos que tienes ahora.

Toma conciencia de tus patrones para poder soltarlos

Desde esta lectura, Saturno viene a incentivarte a que tomes conciencia de esos patrones para que los sueltes, que no dejes que te atrapen. Las habilidades que ganaste a través de ellos, los dones que te han llevado a desarrollar, esos te los puedes quedar.

No se trata de tirar por la borda todo lo que has aprendido, sino de dejar de sentir que tienes que actuar siempre de la misma manera.

El retorno de Saturno y el Club de los 27: una mirada personal

El llamado Club de los 27 reúne a músicos y artistas que murieron a esa edad, en circunstancias muy distintas. Entre los más conocidos están Brian Jones, uno de los fundadores de los Rolling Stones; Jimi Hendrix; Janis Joplin; Jim Morrison, cantante de The Doors; Kurt Cobain, de Nirvana; y Amy Winehouse. [fuente]

Para mí, la cercanía entre esas edades y el primer retorno de Saturno no es un detalle sin importancia. Desde mi manera de entender la astrología, veo una relación con esa etapa en la que pueden removerse muchas cosas y ponerse en cuestión el rumbo de nuestra vida.

Lo comparto como una lectura personal y simbólica, no como una explicación demostrada de esas muertes. No conocemos todo lo que vivió cada una de esas personas, y sus historias no pueden reducirse a un tránsito astrológico.

Tampoco significa que acercarse a los 27 o a los 29 años anuncie una desgracia. No se trata de mirar el calendario con miedo ni de pensar que tenemos que aprobar un examen cósmico.

Cuando te quedas atrapado en el sufrimiento

Desde mi manera de vivir y comprender estas crisis, a veces es como si nos hubiéramos alejado tanto de nuestra alma, de lo que somos y de lo que necesitamos, que ya no supiéramos cómo volver.

Y, cuando el sufrimiento se vuelve intenso y se alarga, puede hacerse muy difícil ver una salida. Hay personas que llegan a pensar en quitarse la vida. No podemos explicar ese sufrimiento solo desde la astrología o la desconexión espiritual, ni interpretar que les falta fuerza. Ahí hace falta ayuda, no otra exigencia de que puedan con todo.

Puede sentirse como una pared contra la que te das un gran golpe. Quizá pierdes el trabajo, se acaba una relación o enferma alguien de tu familia. Y aparece ese «¿y ahora qué hago con mi vida?», mientras parece que todo se derrumba a la vez.

Si estás viviendo algo así, no tienes que esperar a estar al límite para pedir apoyo. La mirada espiritual puede acompañarte, pero no sustituye la atención médica o psicológica cuando la necesitas. Y, si aparecen pensamientos de hacerte daño, busca ayuda inmediata.

5 consejos para atravesar esta crisis sin ponértelo todavía más difícil

Entender lo que puede estar pasando ayuda. Pero quizá, después de leer todo esto, la pregunta sea: «Vale, ¿y ahora qué hago?».

Por eso quiero compartir cinco consejos. No son una receta para resolver tu vida en cinco pasos, que bastante presión tenemos ya. Son puntos de apoyo para empezar a mirar lo que ocurre, pedir ayuda cuando haga falta y elegir el siguiente paso sin tener que decidirlo todo de golpe. 

1. No lo conviertas en un examen suspenso

¿Te ha pasado que, además de estar pasando una mala racha, empiezas a preguntarte qué has hecho mal para acabar ahí?

A veces miramos una crisis como si nos hubieran entregado las notas de nuestra vida. Trabajo, suspenso. Pareja, suspenso. Y encima sin saber dónde se pide la revisión del examen.

Estar atravesando un momento difícil no significa que hayas fracasado. Puede ser una oportunidad para revisar el rumbo, reconocer qué ya no encaja o descubrir algo que hasta ahora no habías podido escuchar.

Desde la mirada astrológica que compartimos aquí, el retorno de Saturno puede entenderse como una invitación a poner orden y madurar, no como un padre castigador que viene a pasarnos factura.

Eso no obliga a estar encantado con lo que ocurre ni a agradecer el disgusto mientras todavía escuece. Podemos reconocer que algo duele y, poco a poco, explorar qué posibilidades se abren.

No hace falta tener hoy todas las respuestas. Ni convertir el renacimiento en otro «tengo que» que añadir a la lista.

2. Pide ayuda sin entregar las riendas de tu vida

Cuando no sabes por dónde tirar, es fácil que te entren ganas de encontrar a alguien que te diga exactamente qué hacer.

Es comprensible. Cuando cuesta ver una salida, un «haz esto y todo se arreglará» puede sonar a gloria. Pero una cosa es recibir apoyo y otra darle a alguien el volante de tu vida y sentarte detrás sin preguntar adónde vamos.

Un buen acompañamiento debería ayudarte a recuperar confianza en tu criterio, no a desconfiar cada vez más de ti. Busca un espacio donde puedas hablar con libertad, hacer preguntas, expresar desacuerdo y participar en las decisiones. No necesitas encontrar a alguien que te dé siempre la razón, pero sí que te escuche y te trate con respeto.

Fíjate en cómo te sientes con esa persona y comprueba también su formación, cómo trabaja y qué límites tiene su acompañamiento. Si el malestar es intenso, persiste o dificulta tu día a día, busca un profesional sanitario cualificado. Un coach o mentor no sustituye la atención psicológica o médica.

Pedir ayuda no te hace menos capaz. Y tampoco tienes que demostrar que puedes con todo antes de merecerla. La idea es que te acompañen a encontrar tu camino, no que te hagan depender del suyo.

3. Haz un poco de espacio para escucharte

Hay días en que, en cuanto aparece algo incómodo, el móvil acaba en tu mano casi por arte de magia. O te pones con otra tarea, o con cualquier cosa que te mantenga entretenido.

A veces una distracción viene bien. No hace falta convertir cada rato libre en una excavación del inconsciente. Pero, si no dejamos ni un hueco entre una cosa y la siguiente, puede resultar difícil reconocer qué nos está pesando.

El móvil tiene contenido para tres vidas. Lo que nos preocupa, en cambio, puede seguir esperando cuando por fin lo dejamos sobre la mesa.

La propuesta no es quitarte todas las distracciones ni sentarte a sufrir por obligación. Es probar a dejar un pequeño espacio sin añadir más ruido. Un paseo sin auriculares, un rato escribiendo o una conversación tranquila con alguien de confianza.

Y observar qué aparece: quizá cansancio, una preocupación que llevas posponiendo o algo que todavía no sabes cómo explicar. No hace falta resolverlo en ese momento.

Si parar te desborda, no te fuerces a profundizar a solas. Puedes volver a una actividad que te ayude a estar más presente y buscar acompañamiento.

Escucharte también incluye reconocer cuándo necesitas una pausa, no solo cuándo toca mirar hacia dentro.

4. Antes de poner tu vida patas arriba, mira qué necesitas cambiar

¿Te ha pasado que, cuando todo pesa, aparece la fantasía de dejar el trabajo, terminar la relación, mudarte y empezar de cero? Todo junto, a ser posible el lunes.

A veces necesitamos un cambio importante. No se trata de quedarnos donde nos hace daño ni de pasar años «trabajándonos» para aguantar lo que no queremos.

Pero conviene distinguir qué necesita cambiar fuera y qué podemos estar llevando con nosotros de un sitio a otro.

Pongamos que en el trabajo siempre acabas haciéndote cargo de todo. Puede que haya una sobrecarga real que la empresa debe resolver. También puede que te cueste decir que no y termines ofreciendo más de lo que puedes sostener. O que ocurran las dos cosas a la vez.

Cambiar de trabajo podría ayudarte. Reconocer ese «ya lo hago yo» también, para no llevártelo bien guardadito en la maleta al siguiente.

Mirar dentro sirve para decidir con más claridad, no para echarte la culpa de lo que ocurre fuera. Puedes preguntarte: «¿Qué me está haciendo daño aquí y qué necesito para dejar de sostenerlo?».

Quizá el siguiente paso sea una conversación, un límite o preparar una salida con apoyo. No hace falta demoler la casa entera para comprobar qué pared tiene una grieta. Pero tampoco quedarte debajo si se está cayendo.

Si hay violencia o peligro, protegerte y buscar ayuda va primero. No necesitas resolver tus patrones antes de ponerte a salvo.

5. No intentes resolverlo todo con la cabeza

Puede que lleves horas dándole vueltas a un problema y, en vez de verlo más claro, acabes con más dudas y menos fuerzas.

La cabeza abre una pestaña, luego otra y después diecisiete más. Y tú sigues ahí, intentando encontrar la respuesta definitiva como si estuviera escondida entre todas ellas.

En esos momentos, atender al cuerpo no significa esperar que te diga qué trabajo elegir o si debes terminar una relación. Significa reconocer cómo estás antes de exigirte otra decisión.

Pongamos que llevas varios días durmiendo mal, comiendo a deshoras y apretando los dientes mientras intentas aclarar tu futuro. Quizá lo primero no sea encontrar tu propósito de vida esa tarde. Quizá necesites comer, descansar o bajar un poco el ritmo.

Eso no resuelve el problema, pero permite atender algo concreto que estaba quedando fuera de la conversación: tú, con tu cansancio y tus necesidades, no solo la decisión pendiente.

También puede haber tristeza, miedo o enfado que ninguna lista de pros y contras consigue ordenar. Puedes reconocerlo y buscar compañía, sin forzarte a sentirlo todo de golpe ni convertirlo en otra tarea que hacer bien.

Volver a ti no siempre empieza con una gran revelación. A veces empieza dejando de pedirte respuestas mientras apenas te quedan fuerzas para escuchar la pregunta.

Y si aparecen molestias físicas nuevas o persistentes, no lo dejes todo en «será Saturno». Conviene consultarlas con un profesional sanitario.

No tienes que salir de esta crisis con toda tu vida resuelta

Quizá, después de leer todo esto, hayas reconocido algo de lo que estás viviendo. No hace falta convertirlo en una lista de deberes ni ponerse a practicar los cinco consejos antes de cenar.

Puedes empezar por uno. Pedir apoyo, reconocer algo que ya no encaja o dejar de exigirte una respuesta inmediata. Un paso pequeño también cuenta, aunque no venga con música épica de fondo.

La invitación no es convertirte en otra persona, sino darte espacio para descubrir qué vida quieres construir desde quien eres.

Si te apetece que te acompañe, podemos empezar con una primera sesión gratuita. Me cuentas qué estás viviendo, vemos qué necesitas y si mi forma de trabajar encaja contigo. Sin tener que llegar con el problema perfectamente explicado.

👉 Quiero una primera sesión gratuita

Y, si te apetece compartirlo en los comentarios: ¿qué parte de tu vida sientes que necesita una revisión, aunque todavía no sepas cómo hacerla?

Un abrazo fuerte 🤗
Raquel