Causas de la ansiedad

La causa raíz de la ansiedad está en tener siempre una expectativa de que algo malo te va a pasar. Sientes que estás en peligro y tu cuerpo responde a ello activando el mecanismo de lucha o huída.

El cerebro reptiliano es la parte de tu cerebro que se encarga de mantenerte con vida y el problema es que no conoce la diferencia entre el miedo a ser físicamente dañado ante un peligro real o el miedo a la bronca de tu jefe. Tu cerebro reptiliano siempre te va a gritar que salgas corriendo de ahí. Y aunque luego tu córtex prefrontal te diga que en realidad no estás en peligro, que estás en la oficina a salvo, ya estás lleno de adrenalina. Y si no puedes luchar o huir, sientes que te estás quemando por dentro.

Trastorno de ansiedad ¿por qué hay tanto?

Hoy en día, el trastorno de ansiedad es un problema bastante extendido en nuestra sociedad. Hay dos razones principales para ello:

  • Vivimos en la sociedad del peligro: se nos dice, una y otra vez, que estamos en peligro. No hay más que ver un rato el telediario para que se te ponga la piel de gallina.
  • Nuestra disposición a aguantar: cuando las situaciones nos provocan ansiedad, lo que solemos hacer es quedarnos quietos y disimular. Porque no queremos ser los raritos, ni perder oportunidades ni molestar a nadie. Te quedas tarde en un trabajo que odias porque no quieres perderlo. Vas a compromisos familiares de los que quieres irte antes de llegar. Pero aguantas la angustia con la sonrisa puesta. Y soportas comentarios pesados y discusiones sin sentido mientras te quieres arrancar los pelos.

Tu cuerpo te dice que huyas pero tu mente lógica te dice que te quedes. Y te obligas a ello, aguantando el tipo, no importa lo incómodo o doloroso que sea.

Tipos de ansiedad

La ansiedad puede ser situacional, lo que significa que se desencadena por ciertos eventos identificables. También puede tratarse de ansiedad generalizada, en cuyo caso resulta más difícil identificar la raíz del problema. Aquí hay una gran cantidad de ansiedad acumulada presente durante todo el día y si siempre estás a tope de adrenalina, cualquier pequeño estímulo o sorpresa puede llevarte al límite.

Hay niveles de ansiedad grave como las crisis de pánico. Pueden hacerte sentir como si estuvieras loco, totalmente fuera de control e incluso incapaz de funcionar. Muchas personas sufren en silencio, aguantando como pueden las apariencias cuando les llega un episodio, para que nadie se dé cuenta. 

Trastorno de Ansiedad Generalizada, el gran incomprendido

Estamos adiestrados para obligarnos a hacer lo que sea para ser aceptados por la sociedad, aunque eso conlleve estar en situaciones y hacer cosas que no nos gustan, ignorando cómo nos sentimos realmente. Y a pesar de que un aspecto de nosotros grita para escapar de esa situación que nos hemos autoimpuesto por miedo, nos mantenemos allí para no ser rechazados por inadaptados.

Nos desencajamos de nosotros mismos para encajar en la sociedad. Nos hemos resignado al hecho de que la vida da miedo y que no hay nada que podamos hacer al respecto. Por eso, muchas personas que sufren de ansiedad se encuentran estigmatizadas, incomprendidas y despreciadas. Se las considera demasiado débiles para manejar la vida.

Ansiedad, no se puede huir de ella

Cómo combatir la ansiedad, lo que NO funciona

Entonces lo que no funciona es básicamente huir del miedo. Y lo hacemos de diferentes maneras:

  • Evitación, huir de las situaciones que nos producen ansiedad
  • Etiquetarnos con enfermedades mentales, la resignación justificada
  • Medicación indiscriminada, el desarrollo de la no resiliencia
  • Las adicciones, una forma cara de huir del sufrimiento

 

Evitación, huir de las situaciones que nos producen ansiedad

Un mecanismo habitual para lidiar con la ansiedad es evitar las situaciones que nos producen ansiedad, rehuyendo continuamente de las que nos puedan desencadenar ataques de ansiedad o pánico. Esperamos con los dedos cruzados  que nada nuevo ocurra en nuestra vida que nos pueda sacar de nuestra falsa percepción de control.

No salimos de casa. No  podemos ir a eventos que nos interesan, porque puede haber demasiada gente y podríamos agobiarnos. Y si estamos lejos de la puerta, ¿cómo nos escaparemos? También para ir tendríamos que tomar el transporte público. Y ya sabemos lo que puede ocurrir ahí si nos entra un ataque de pánico: que nos queramos tirar del metro en marcha, aunque no lo hagamos. Nos perdemos el placer de viajar y conocer lugares maravillosos por el pánico a subirnos a un avión. Y acabamos desarrollando claustrofobia o agorafobia o cualquier otro tipo de fobia, porque tenemos demasiado miedo en el cuerpo.

¿Es esa la vida que quieres vivir?

Nos limitamos a un mundo cada vez más reducido. Podemos incluso desarrollar fobia social y hasta existe el trastorno de la personalidad por evitación donde nos aislamos de los demás para librarnos de sus posibles críticas y rechazo.

Trastornos mentales, las etiquetas de la resignación justificada

Enseguida te cuelgan la etiqueta de un trastorno mental y te quedas con el Sambenito puesto para toda la vida. Llegas a la consulta de un nuevo psiquiatra y antes de mirarte a la cara, ya se ha hecho una idea clara de lo que hay, eres un trastorno mental con patas.

Pero una cosa te digo, tú no eres esa etiqueta. Si por ejemplo, tienes ataques de pánico en el metro, no eres sólo claustrofóbico. Te etiquetas como tal en un intento de explicar tu miedo mientras te resignas simplemente a aguantarlo, mientras te dices «no hay nada que pueda hacer al respecto. Es que soy claustrofóbico». ¿De qué te sirve eso?

Está bien saber lo que te pasa, pero eso no eres tú, es sólo un síntoma de algo que te ocurre. Da igual los años que lleves arrastrándolo, las veces que te lo hayan confirmado o las recaídas que hayas tenido.

Tú no eres un trastorno mental, no estás roto. 

Es algo en lo que estás trabajando para superarlo. Estás en proceso de recuperación o incluso de transformación. Porque de esto vas a salir mucho más fuerte, te lo aseguro. Más tarde o más temprano lo superarás, si de verdad te lo propones.

Medicación indiscriminada, el desarrollo de la no resiliencia

Y cuando todo se vuelve demasiado difícil de manejar, tomamos medicamentos para ayudarnos a adormecer el miedo. Es preferible ir como un zombi por la vida que molestar al resto con tus locuras y debilidades.

Quiero dejar claro que no voy en contra de la medicación. Pero tampoco soy una gran defensora. Es verdad que creo que puede ser útil en algunos casos, cuando se utiliza como un remedio temporal para sus síntomas. Y sólo junto con terapia u otras formas de trabajo interno. OJO! Si te medicas no se te ocurra dejar la medicación por tu cuenta. No es cuestión de encontrarte de repente con todos tus miedos sin estar preparado. Antes tienes que hacer el trabajo terapéutico. El cuándo y el cómo dejas la medicación tienen que ir pautados por tu médico.

Pero a lo que sí que te animo es a tener la intención de querer poner de tu parte y no tener que depender toda tu vida de las pastillas.

Tú tienes el poder de volver a sentirte vivo, con ilusión y valentía. Sólo tienes que proponértelo firmemente e ir a por ello.

Las adicciones, una forma cara de huir del sufrimiento

No sólo nos podemos anestesiar a través de la medicación, existen muchas otras formas de huir del sufrimiento.Otra forma de escape para no sentir son las adicciones (al alcohol, a las drogas, al tabaco, a comer y a comprar compulsivamente, a las redes sociales, a la tecnología, al sexo…) Son otra manera de huir del dolor. Éstas son alivios pasajeros y si estás muy mal quizás sean lo único que te calme un poco, o es lo que tienes más a mano. Pero no solucionan el problema subyacente y tienen muchas repercusiones negativas.

La solución a la ansiedad tiene que ser más integral. Lo demás son sólo tiritas o vendajes para tapar la herida infectada, mientras sigue expandiéndose la infección.

Cómo superar la ansiedad, lo que SÍ funciona

Lo que sí funciona es entregarte a sentir la ansiedad para así liberarla, en lugar de huir de ella. Y escuchar al verdadero miedo que se esconde dentro.

Pero ésta es la solución que mucha gente no quiere escuchar. Porque no es una pastilla, no se puede hacer en una tarde y no lo puede hacer otra persona por ti. Tienes que hacer el trabajo tú mismo, contigo mismo, y sí, algo de eso será incómodo. Aunque la ayuda especializada de un terapeuta o coach preparado para ello te puede facilitar mucho esta tarea. Y tendrás que hacer algunos cambios en tu vida. Pero te aseguro que éste es un esfuerzo que vale la pena realizar.

El verdadero miedo que está oculto

Muchas veces lo que creemos que nos da miedo, no es el miedo real. Por muy real que sea el miedo que sientes cuando ves una araña o una rata, por muy paralizante que sea lo que sientes en un espacio abierto o en un lugar cerrado, o por muy fuerte y real que sea un ataque de pánico, el verdadero motivo de miedo no es el aparente desencadenante (la rata, el avión, las alturas …)

El verdadero miedo es algo en tu vida que no estás queriendo ver. Es algo a lo que te estás obligando a soportar porque crees que no hay alternativa. O es el miedo de que algo terrible ocurra pero que intentas ignorar para no sufrir.

Puede ser tu trabajo el cuál no quieres reconocerte que odias. Puede ser tu matrimonio que sin darte cuenta y en silencio ya se rompió hace tiempo mientras pretendes hacer como si todo siguiera igual. Son los problemas con tu madre posesiva y dependiente, que no te deja vivir tu propia vida … .

El miedo es tu implacable aliado

Es algo que te ocultas a ti mismo para no tener que enfrentarlo. Pero al miedo no puedes ocultarlo, sigue creciendo dentro de ti y necesita salir por algún lado. Si no quieres verlo en su forma original te va a aparecer en forma de otra cosa que es sólo un símbolo, una metáfora de tu miedo real. Y no sale para atormentarte, ni para castigarte. Viene a avisarte de lo que tienes que cambiar para poder ser feliz de verdad, es tu aliado.Y el miedo puede ser un aliado implacable que va a hacer todo lo posible para que no le ignores. No te permite no ser feliz. Y te lo va a recordar todas las veces que haga falta.

En definitiva, si quieres superar la ansiedad…

Ya tienes más claro lo que no funciona. Ahora ya puedes revisar tus tácticas actuales y decidir lo primero que vas a abandonar en cuanto sea posible y con el apoyo y la ayuda necesaria. Muy pronto, en la próxima entrega veremos en un poco más de detalle lo que sí funciona para liberar la ansiedad de forma práctica y sencilla. ¡No te lo pierdas! Al final tienes un enlace para suscribirte y recibirlo en tu bandeja de entrada.

¿Qué es lo que estás haciendo para combatir tu ansiedad y no te está funcionando?

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Como siempre, tus dudas, reflexiones y experiencias nos enriquecen a todos. Así que si te sientes inspirado a hacerlo, ahora es el momento, en los comentarios tienes tu espacio.

Nos vemos en la siguiente entrega. ¡Hasta muy pronto!

¡Un gran abrazo!

Raquel

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