Mi camino profesional

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Antes de ser quién soy ahora, yo era una niña buena y complaciente. Siempre hacia o intentaba hacer lo que se esperaba de mí. Para ello tuve que olvidarme de quien era realmente y de lo que quería de verdad. Me convencí que eso era lo adecuado. Me dispuse a seguir fielmente los pasos del manual de la vida perfecta que me habían dejado y a encajar en la sociedad, sus normas, sus valores y las verdades generalmente aceptadas.

Mi vida antes de mí

Por tanto cuando me planteé qué estudiar, ni se pasó por la cabeza escoger algo que me gustara. ¿Quién me creía yo para hacer eso? Estudiar al igual que trabajar no se disfruta, es simplemente un medio para conseguir algo. Ya disfrutaría en mi tiempo libre del fruto de mi sacrificio. Así que estudié dos carreras universitarias, Economía y Administración y Dirección de Empresas. Sinceramente ninguna de las dos me entusiasmaba. Pero como tenía un gran voluntad de sacrificio y quería que mi curriculum luciera bonito con títulos llamativos, me auto-apliqué el lema «¿No quieres lentejas? Pues toma dos platos». Pero claro, cómo me iba a dedicar a algo que me gustara, «el trabajo no se disfruta, uno se tiene que ganar el pan con el sudor de su frente». Ni si me pasó por la cabeza  estudiar arte o humanidades (que era lo que verdaderamente me atraía entonces). «Eso no tiene ninguna salida».

Madre mía, que equivocada que estaba…

Uno florece donde está su pasión

Lo que me costó atreverme

Me costó lo mío aprender la lección. Dos carreras y 13 años en un trabajo que llegué a odiar y que casi me cuesta la vida. Mi tozudez y mi miedo me llevaron a tocar fondo. Pero bueno en su momento tomé la decisión que creí más acertada. Le puse la mejor intención y me esforcé por amarlo. Tras el noviazgo universitario viví un matrimonio de 13 años con la banca, con sus momentos de flores y lágrimas. Aquí empezó a surgir mi voluntad de servicio y asesoramiento al cliente. El trabajar cara al público y sobre todo con dinero por en medio es una escuela de psicología fantástica. Puedes ver de cerca las bondades y miserias de las personas, que depositan más o menos su confianza en ti. Aunque te enteras demasiadas veces de mucho más de lo que desearías.

En la banca te haces una idea bastante clara de los entresijos de la economía y la complejidad humana. Conocí a personas muy diversas, grandes y pequeños empresarios de diferentes sectores, profesionales libres, funcionarios, jubilados, parejas que venían a pedir una hipoteca, se casaban, tenían hijos y se divorciaban…, y tú siempre estabas ahí guardando sus secretos con celo.

Aquí el estrés hizo añicos mi cerebro chamuscado y sobrecargado por tanta información. Pero seguí estoicamente intentando estar fuerte en aquella vorágine de urgencias, exigencias y malos humos (especialmente después de explotar la crisis).

El despertar me llegó como un huracán

Cuando empecé a descubrir quién era yo realmente, me di cuenta de que lo que más me estaba alterando era que en ese entorno no sentía que pudiera ser yo misma. Reconocí que podría servir a los demás muchísimo mejor por mi cuenta, siguiendo mis propios criterios y mis propias decisiones. Y dicho y hecho, las circunstancias de la vida me dieron esa oportunidad. (No estoy recomendado a nadie el trabajar por cuenta propia en lugar de trabajar para otros, esto por supuesto depende mucho de cada persona).

Me dediqué por completo a la búsqueda interior, porque tenía claro que no podría ayudar a nadie hasta que no me ayudara a mi misma. Reabrí mis heridas del pasado para poder observarlas desde un nuevo punto de vista, de mi yo de ahora. Y encontré lo que cada vivencia me había estado enseñando y como todo aquello que había estado ignorando se había ido repitiendo en diferentes situaciones y con diferentes caras.

Me utilicé como conejillo de Indias para experimentar todas las herramientas y enseñanzas que empecé a recoger como la Meditación, el Yoga, el Chi Kung, el Reiki, la Sanación Cuántica, la lectura de Registros Akáshicos, el Coaching, la PNL, la Inteligencia Emocional, el Chamanismo, la Iniciación, La Ley de atracción y por último la Palingenesia, por nombrar unos cuantos. Ya sé que suena un poco loco, pero tenía que recuperar el tiempo perdido, hacer mi búsqueda espiritual, hacer violencia en mi cerebro para sacar el máximo de mis creencias limitantes, sanar mis heridas emocionales, romper mis esquemas y mis armaduras. Estaba en plena metamorfosis. Y además uno no puede enseñar algo que no haya experimentado antes en sí mismo, ¿no crees?

Las 5 claves de la felicidad

Me di cuenta de la importancia:

  • del manejo de la energía para encontrar el equilibrio en la vida y para atraer lo que deseas.
  • de abrir el corazón y atreverse a vivir desde él.
  • de aprender a manejar las emociones para dejar de sufrir innecesariamente, liberar bloqueos y conectarnos con nuestro conocimiento profundo.
  • de aprender a conectarnos con nuestra intuición y seguir su guía.
  • de vivir consciente, observando y replanteándote la visión que tienes de las cosas y liberar las creencias que te limitan.
  • de atreverse a ser auténtico y preguntarte qué es lo que de verdad quieres.

Me fascina el inmenso poder del inconsciente. He explorado y sigo estudiando maneras de acceder a él porque ahí se encuentran muchas respuestas que estamos buscando. De mis últimos descubrimientos en las formas de acceder al interior de la persona me he enamorado del Método de Palingenesia que he tenido el honor de aprender de la mano del doctor Francisco Moya.  Es una forma sencilla y fascinante de conectar con tu conocimiento profundo para resolver bloqueos y resistencias que no te están permitiendo disfrutar y reconectarte con tu propósito de vida.

Este camino no tiene fin, sigo aprendiendo y disfrutando cada día, abriendo mi consciencia y tratando de vivir una vida óptima. Siendo cada vez más yo misma, más feliz y haciendo lo que más me gusta, ayudar a las personas a encontrar su verdad, su felicidad y disfrutar de la belleza que hay en la vida.

¿Te sientes identificado en algo de lo que has leído aquí? ¿Sientes que hay algo que te resuena?