¿Tu cuerpo es tu enemigo?

Tu cuerpo no es tu enemigo aunque no tenga la apariencia que querrías, no te guste tu nariz, tus curvas, esa barriga, esas piernas, esos kilos de más … Aunque a veces te duela, esté maltrecho o incompleto, fofo, esquelético o poco definido. A pesar de que se deforme y se altere sin tu permiso. Pese a que no haga lo que quieres y haya tantas cosas que te resulten difíciles «por su culpa».

 

No puedes ignorar tu cuerpo

Si no estás a gusto en tu cuerpo no puedes ignorarlo, sobre todo, cuando hay cosas que son demasiado obvias, cuando afectan a tu autoestima y te acompañan en tu día a día. Cuando el dolor o el peso te impiden hacer cosas que quieres hacer, no puedes ignorarlo. Hay problemas de los que te puedes alejar temporalmente pero de tu cuerpo no. Te lo llevas a todas partes. Lo miras cada día en el espejo, te acuestas y te levantas con él.

Tu Ser te habla a través del cuerpo

Nuestro Ser nos avisa cuando nos estamos alejando de nosotros mismos, cuando mantenemos actitudes y formas de pensar que nos perjudican. Por eso, cuando ignoramos los mensajes de nuestro Ser, éste acaba plasmándolos en el cuerpo. Primero nos avisa con las emociones, pero si las ignoramos, muchas veces no tiene más remedio que tocar el cuerpo y enfermamos.

Los dolores y las enfermedades no son un castigo, son un mensaje para que hagamos algo al respecto. Cuando nuestro Ser considera que es la mejor manera de llamar nuestra atención utiliza el cuerpo. Por eso, si uno pone conciencia, una enfermedad, por muy dolorosa que sea, puede ser una bendición. Porque te va a llevar a llevar a nuevo nivel de conciencia, vas a superar tus límites y te vas a empezar a cuidar. El cuerpo te para cuando no eres capaz de parar por ti mismo. O estás yendo por el camino equivocado o lo estás haciendo de una forma que te perjudica.

Cambia tu relación con tu cuerpo

En lugar de despreciarlo, odiarlo y echarle la culpa de lo que no te permite hacer, empieza a relacionarte de otra manera con tu cuerpo:

  • Deja de hablarle tan mal, de castigarlo y maltratarlo.
  • Celebra cada pequeño logro, cada mejoría, por pequeña que parezca.
  • Observa lo que sí te gusta de él.
  • Nútrelo y cuídalo con amor, con respeto y gratitud.
  • Abrázate a ti misma, acaríciate y date mimos.
  • Dale las gracias por servirte y mantenerte con vida.
  • Acéptalo como es ahora, independientemente de que quieras que cambie y sabiendo que puede cambiar. Tu cuerpo es fuerte, poderoso y hermoso tal cómo es, con sus cicatrices, imperfecciones y las señales de la edad que lo van surcando.

Tu cuerpo no es un cacho de carne, es algo sagrado

  • Es tu templo, tu vehículo, tu amigo, tu aliado. Tu cuerpo es sabio y tiene el poder de regenerarse. Es una máquina tan compleja y maravillosa que hace tantísimas cosas sin que tú tengas que preocuparte.
  • Tu cuerpo es el lienzo sobre el que escribe tu Ser los mensajes que necesitas escuchar. Cambia de forma según las heridas emocionales que están activas en ti. Aquí tienes algunos ejemplos de como se comunica tu cuerpo contigo:
    • Puede adelgazarse demasiado para que te des cuenta de que quieres desaparecer o cuando te consume tu fuego interno.
    • También se engorda por muchos motivos como mostrarte tu necesidad de atención, de ser vista, de hacerte grande y protegerte o de anclarte a la tierra. Incluso puede avisarte cuando das demasiado y te cuesta recibir y ese desequilibrio tu cuerpo lo compensa bloqueando esa energía en forma de sobrepeso.
    • Y tu piel te muestra tu necesidad de contacto, de protección o de aislamiento. Es el límite de tu territorio más íntimo. Y se puede irritar cuando te sientes irritada e invadida y no sabes cómo evitarlo.

 

Tu cuerpo te recuerda la necesidad de cuidarte

El malestar del que tanto huyes es el recordatorio de que tienes que :

  • amarte y cuidarte,
  • permitirte ser tú misma,
  • defender tus límites,
  • expresar tu voz, tus opiniones, tus anhelos, tus preocupaciones, tus alegrías y tus tristezas.

Tu cuerpo también te recuerda tu parte efímera, tu pasado y tu naturaleza cambiante. Bendice y agradece cada instante que está conmigo. Tu cuerpo es tu traje, tu cáscara, el envoltorio físico de un ser de luz, la crisálida de tu mariposa interna.

 

Tu cuerpo no te pertenece, lo tienes de prestado

Cuida de tu cuerpo, no te pertenece, lo tienes de prestado. Y hónralo tanto si dejas tu semilla en la Tierra criando hijos sanos como si no. Porque tu cuerpo es un fractal del Universo y también una célula de la Tierra que algún día volverá a ella.

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Nos vemos en la siguiente entrega. ¡Hasta muy pronto!

¡Un gran abrazo!

Raquel

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