Muchas personas deciden renunciar a sus sueños. Uno de los motivos más habituales es creer que ir a por ellos implica necesariamente perjudicar a alguien muy cercano: la pareja, los hijos o la familia en general.  Consideran que les van a someter a una serie de circunstancias o cambios a los que van a tener dificultades para adaptarse. O bien les van a forzar a renunciar a algo, a su mundo conocido, a la seguridad o la estabilidad.

Por ejemplo, podría tratarse de una oportunidad profesional fantástica. Justo el trabajo que te encanta, todo es perfecto pero es en otra ciudad o incluso en otro país. Temes que tu hija tenga problemas para adaptarse al cambio, que sea la nueva en el colegio, un entorno desconocido, quizás idioma y cultura distintas … Temes que tenga problemas, que le cueste, que sea infeliz, que eche de menos su antigua vida. ¿Cómo le vas a hacer eso a la pobre chiquilla?

Este tema, como digo nos puede afectar con cualquier ser querido, sobre todo la familia, pero donde se presenta con más dificultad suele ser con los hijos. Por eso, para facilitar la explicación, lo voy a hacer tomando el ejemplo de los hijos. Pero se puede extrapolar a cualquier ser querido cercano, con el que tengamos una relación de afecto, compromiso y/o dependencia.

 

Renunciar a tus sueños por amor

Ante este dilema, puede ser tanta la culpa que nos invada, que decidamos que no vale la pena. Entonces nos quedamos hundidos en la frustración encubierta del autoengaño. Intentamos convencernos de que tampoco estamos tan mal, que incluso es mejor dejar las cosas así. Pero secretamente ese sueño se va pudriendo dentro de nosotros. Esa posible vida, que tanto nos gustaría experimentar, se va difuminando y va perdiendo fuerza, hasta que puede que se nos olvide.

A pesar de que alcances esa amnesia autoimpuesta, el peso invisible del sueño perdido te va debilitando poco a poco. Y tu vida se va tiñendo de frustraciones secretas, perdiendo brillo y tonalidades. Podemos encerrarnos en nuestra cárcel particular por un motivo muy noble, como es el amor por nuestros seres queridos. Pero vivir desde el sacrificio y el deber es una vida de esclavitud, por mucho que la adornemos con justificaciones de amor.

Hay clientes que me dicen que les encantaría montar su propio negocio, pero no lo hacen porque tienen hijos a su cargo. Temen no poder tener la estabilidad suficiente para darles todo lo que necesiten. Me viene a la memoria un caso en el que una mujer divorciada tenía problemas para encontrar trabajo en su ciudad. Estaba pensando en mudarse a otra donde había más demanda de su profesión. Pero lo había descartado porque no quería separar a su hijo de su padre.

Es posible que al renunciar a tu sueño por tu hijo, jamás te quejes de ello, porque es tu hijo y le quieres. Por eso, a veces no eres consciente de tu pesar, no se te ocurre ni quejarte internamente. Enseguida te convences de que es lo mejor, e intentas cubrir con un tupido velo tu sueño pendiente.

 

Quedarse deshojando la margarita

A veces, nos cuesta más tiempo tomar la decisión. Nos pasamos años deshojando la margarita, diciendo «si me surge la oportunidad lo hago» y a continuación decimos todo lo contrario «No, no puedo hacerle esto. Tendré que renunciar». Mientras te mantienes en la duda, también sufres. Te quedas en bucle, sin encontrar salida. A veces decidiendo que lo vas a hacer y al momento siguiente diciendo que no.

Ese conflicto interno te lleva a bloquear energéticamente cualquier oportunidad que surja en relación a tu deseo, porque tu vibración está en conflicto. Una parte de ti vibra con el entusiasmo de ir a por ello, y la otra vibra en todo lo contrario. Una parte de ti quiere que se cumpla y la otra lo teme. Porque entonces tendrás que decidir, y eso es lo que de verdad te da miedo.

Recuerdo el caso de un hombre que su gran sueño era trabajar como geógrafo, pero se dedicaba a otro trabajo en el que no se sentía realizado. Llevaba un par de años planeando un proyecto muy interesante en otro país . Era algo que le hacía muchísima ilusión, pero estaba en contínua duda, decía «si sale el proyecto, me voy», pero a la vez se corregía y se decía «no, no voy a poder ir».

No quería obligar a su pareja a tener que escoger entre irse con él y separarse de sus hijos, ya adultos. O bien dejarla a ella e irse él. El hecho de mantenerse en ese dilema, hacía que su vibración no fuera acorde con su ilusión. Por lo que el proyecto se iba retrasando. Los otros colaboradores no se implicaban lo suficiente. Y él se iba desanimando.

 

La resignación te baja la vibración

Tanto en un caso como en el otro, tanto en el caso en el que todavía no te hayas decidido, como en el caso en el que decidas renunciar con dolor a tu sueño, te vas a sentir mal. Tu vibración energética va a ser baja. Te vas a sentir más infeliz. Y vas a alejar cada vez más la posibilidad de cumplir tu sueño. Sólo te espera una vida que no es la que realmente deseas.

Cuando crees que no tienes elección, hay una discordancia dentro de ti, porque hay resignación. Ya sé que estás dispuesto a ese nivel de discordancia por tu hijo, pero ¿para qué? Es mejor ser honesto y decirse «pues sí, es verdad, hay un poco de resignación y resentimiento en mí respecto a esta situación,» Éstos vienen de la idea de que no tienes elección.  Porque has hecho que la elección no esté disponible, te las has prohibido a ti misma. Pero no te das cuenta, que ahí está tu libertad, la libertad de escoger prohibírtelo. El único que está bloqueando tu camino eres tú. Podrías hacerlo si quisieras, nadie de verdad te lo está impidiendo. Y en caso de que haya alguien que lo esté haciendo, sólo es un reflejo de tu resistencia interna.

 

Recuerda que siempre puedes escoger

Hay veces que la solución no está en ir inmediatamente por tu deseo, arrastrando a los otros a la nueva situación. Una de las maneras de quedarte en paz con esto, es recordar que estás escogiendo quedarte. Podrías irte, no es una opción no disponible en este momento.

Al relajarte y recordar que siempre tienes la posibilidad de escoger, dejas de sentirte atrapado. Si de momento escoges no hacerlo por tus seres queridos, lo estás escogiendo, No lo haces obligado. Escoges y te permites disfrutar tu elección: el poder estar con los tuyos, el verles felices, el sentir que estás eligiendo la opción que en este momento te parece mejor. Al verlo así, no cierras la puerta a nada. Lo que estás haciendo es permitirte ser feliz con la elección que has tomado de momento. 

Es la manera de deshacer el conflicto entre el tengo que y el quiero. El tengo que tiene el peso de la obligación. Realmente ni siquiera es algo que tengas que hacer sino es algo que piensas que tienes que hacer. Nadie te está apuntando a la cabeza con una pistola obligándote a hacer algo, Los únicos que nos estamos apuntando a la cabeza con la pistola somos nosotros mismos, cuando vivimos nuestra elección desde la obligación.

Cuando escoges, tienes que quedarte totalmente en paz con esa elección.  

 

No pierdas tu libertad

Si sientes que estás perdiendo algo de tu libertad al tomar esa decisión, acepta como te sientes, no te engañes. Entonces recuérdate que teóricamente podrías hacer lo que realmente quieres.  Si no lo haces en este momento, no es porque pienses que quedarte donde estás sea maravilloso. Lo escoges porque quieres mantener las cosas igual para tu ser querido. Lo cuál es bueno, no es erróneo. Pero si piensas que no tienes elección, no estás sintiendo tu libertad de elección al 100 %.

A veces es muy difícil detectarlo, porque tienes tanto amor por el otro, especialmente por un hijo, que no puedes guardarle resentimiento. Es algo muy sutil, pero hay muchas emociones escondidas en ello. Algunas emociones muy buenas, pero también hay ese «Voy a ser una buena madre, o buen padre, o buen hijo, … y me voy a recluir en este lugar, o en esta situación que no es ideal para mí. En el caso de los padres es tan fácil caer en el «no voy a hacer nada que pueda hacer daño a mi hijo».

 

La diferencia es sutil pero hace la diferencia

Muchos padres dicen «Nunca podría hacer eso porque tengo un crío» «Nunca podría abrir mi propio negocio porque tengo un niño». Espera un momento, ¿por qué es el crío responsable de que no puedas abrir tu propio negocio?» Porque no sería muy seguro, no podría garantizar sus estudios universitarios, o tendría que trabajar tantas horas …

Si te dices «no puedo abrir mi propio negocio porque tengo un hijo», ese «no puedo hacerlo», realmente significa «no tengo poder», «esa no es una elección disponible para mí».  Estás vibrando en la impotencia, que es una vibración densa, muy alejada de la vibración de tu felicidad, de quién eres realmente y de tu deseo.

Habrá quien diga: «Pero, Raquel, esa es una diferencia demasiado sutil», Sí, lo es, pero hace la diferencia. Porque cuando decides que puedes escoger, que en cualquier momento podrías cambiar de idea, ya no es una obligación, es tu elección. Ya no estás atrapado.

 

No es fácil, pero es sencillo

Por eso en estos casos donde el amor es tan grande, no es fácil tarea llegar al punto en el que puedas sentirte totalmente libre. Confiar que cuando te permites ir a por tu sueño, y te alineas con él, sin resistencias ni autoengaños, esa opción también puede ser la mejor para tu hijo. No es fácil pero es sencillo.

Cuando te conectes con tu sueño y te visualices en él, incluye a tu hijo o persona amada:

  • cómo quieres que se sienta,
  • lo fácil que va a ser para él o ella,
  • lo mucho que le va a aportar la experiencia,
  • que no tendrá que renunciar a nada porque podrá disfrutarlo de otra manera

 

 

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Ábrete a nuevas posibilidades

Y si apareciera una oportunidad maravillosa, que fuera perfecta para todos.

Que os permitiera expandiros, tanto a tí como a tu hijo. Cuando te abres a esa idea, tu mente ya no puede objetar. Ya no hay oportunidades que no puedas aprovechar, porque ya no estás atrapado.

Las oportunidades que quieres y que puedes atraer, pueden encontrarte donde estés. No significan un sacrificio para nadie, ni para ti ni para tu hijo. Y se pueden desarrollar de manera hermosa para todos.

La clave es situarte en un estado en el que te das cuenta de que no tiene que haber ningún sacrificio, en el que todo el mundo es feliz, No importa la forma en la que se presenten esas oportunidades sino cómo quieres sentirte cuando lleguen. Y si esa oportunidad te ofrece libertad. Siéntete libre ya, porque eres libre de escoger.

A lo mejor no es el trabajo que tú habías pensado. Pero mientras sea fabuloso, sea retribuido por lo que quieres, disfrutes con él, y veas a tu hijo super feliz, eso es lo que importa. No tienes que averiguar cuáles son esas opciones perfectas, sólo tienes que confiar en que existen.

Volviendo al primer caso del geógrafo frustrado. El que se debatía entre irse a otro país a dirigir un proyecto fascinante o renunciar quedándose con su pareja enferma. Cuando pudo relajarse al respecto, y salió de su bucle mental, se deshizo el conflicto interno, Se abrió a la posibilidad de otras alternativas que no fueran A o B. Irse varios meses o tener que renunciar. Y apareció la opción C, que era dirigir el proyecto a distancia. En cuanto se relajó, el proyecto volvió arrancar y consiguió su sueño. Sin tener que renunciar a él y sin forzar una situación que no era la más adecuada para su pareja en ese momento.

Cuando nos relajamos y nos sentimos en paz con nuestra elección, sin renunciar definitivamente, se abren nuevos caminos.

 

Cuando lo mejor es esperar

A mí me pasó esto cuando nació mi hija. Estaba empezando con mi proyecto de felicidad incondicional y estaba muy ilusionada. Pero nació mi hija y toda mi energía creativa y mi tiempo fueron absorbidos por ella. Y así fue durante algún tiempo mientras ella iba creciendo y desapegándose de mi,

No digo que mi elección fuera la mejor, porque la mayoría de madres deciden o se ven obligadas a volver a trabajar enseguida. La mayoría sienten gran culpabilidad y pesar por tener que separarse de su cría. Otras madres, como yo, deciden y tienen la posibilidad de dedicar unos años de su vida a la crianza. Esta elección suele tener repercusiones en detrimento en su carrera profesional. Ninguna opción es mejor que otra, todas son igual de válidas, todas tienen sus pros y contras. En mi caso mi prioridad fue invertir esos años en mi hija. Confieso que al principio lo viví un poco en conflicto. Por un lado deseaba profundamente continuar con el proyecto. Por otro quería disfrutar plenamente de mi niña.

Una parte de mí se sentía atrapada en todo lo negativo de la maternidad: en las malas noches, en la falta de libertad, en las demandas continuas, en no tener tiempo para mí, para trabajar, en todas las cosas que ahora ya no podía hacer, etc…

 

Disfruta de la espera

Pero en cuanto me di cuenta que así no valía la pena vivirlo y decidí conscientemente aprovechar ese momento único e irrepetible, me permití disfrutar de una experiencia maravillosa. Me dejé enamorar por la inocencia y pureza de mi hija. He tenido la suerte de no perderme ningún detalle de sus días. He podido reir en directo cada nueva gracia. Hemos compartido la sorpresa de cada pequeño gran descubrimiento. He vuelto a ver el mundo con el entusiasmo de una mirada renovada. Me he embriagado de su olor de inocencia.

Me puedo dar por satisfecha por los millones de besos y abrazos que nos hemos dado, y los que nos quedan. Durante un instante he sido su mundo. Ahora sigo siendo un pilar importante para ella, soy su refugio, su lugar de paz. Y lo seguiré siendo hasta que ella lo encuentre en sí misma. Mi hija me ha contagiado con su risa y me ha permitido sacar a bailar a mi niña interior con ella hasta en la cola del supermercado. Me he permitido hacer el payaso en cualquier lugar sin temor a que alguien pensara que estoy loca. Estar en paz con mi decisión me ha hecho sentir que la experiencia me ha dado tanto, que no he perdido nada, todo lo contrario.

Acepté donde estaba sin renunciar a mi sueño, dejándolo un poquito aparcado pero no del todo. Dándole la atención y el cariño que podía darle en ese momento. Manteniendo también la ilusión por ese otro hijo mío, mi proyecto profesional. Se iba gestando en mí, tomando forma, mientras yo me relajaba y disfrutaba plenamente de mi niña. Cuando mi hija, de forma natural, ya no necesitó tanto de mí, lo pude retomar con fuerzas renovadas, con la experiencia adquirida, más sabia y más realizada, Cuando dije ahora sí, las oportunidades para crecer empezaron a llamar a mi puerta.

En definitiva

Aceptar donde estás  y celebrarlo debilita tu conflicto interno. Empiezas a vibrar con una frecuencia mucho más parecida a la de tu deseo. Vuelves a emitir esa señal que avisa al universo de que estás preparado para recibir tu deseo. Entonces el universo te lo puede traer, Probablemente no será exactamente en la forma que tú pensabas, pero no te preocupes, porque va a ser mucho mejor. El universo te conoce muy bien, ha estado escuchando tus deseos siempre. Y te ofrece esa solución que no se te había ocurrido hasta ahora, mientras vibrabas en la frustración y la resignación. Ahí las opciones se quedaban mucho más limitadas.

Deja de vivir en blanco y negro y permite adentrarte en el gris de las infinitas posibilidades. No tenemos porque renunciar a nada. Tenemos que abandonar ese programa de esclavitud por el que no nos permitimos vivir nuestra propia vida.

La mejor enseñanza que podemos darle a nuestros hijos es animarles a creer en su propia libertad. Eso sólo se lo podemos enseñar desde el propio ejemplo.

No renuncies a tus sueños por otros. Como mucho, escoge con amor no hacerlo de la manera que pensabas, en este momento. Pero nunca desde la frustración, que cierra la puerta a las múltiples oportunidades que te están esperando.

Y tú, ¿estás renunciando a algo por amor a otros?

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Nos vemos en la siguiente entrega. ¡Hasta muy pronto!

¡Un gran abrazo!

Raquel

 

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