Relaciones de pareja, la causa principal del fracaso amoroso:

Con este post iniciamos una serie sobre relaciones de pareja conscientes y felices. Hoy vamos a tratar una de las causas principales de la mayoría de los fracasos amorosos. Se trata de una creencia que tenemos muy arraigada que insiste en que otra persona nos tiene que hacer feliz. Y ésto simplemente nos puede llevar a la frustración, porque básicamente nadie más que tú mismo te puede hacer feliz.

Mujer busca príncipe, hombre busca princesa

En nuestra tierna infancia ya nos sembraron la creencia de que tenemos que encontrar a alguien, un príncipe azul o una bella princesa. Alguien especial que nos haga felices y comamos perdices. (No entiendo porque las pobres perdices tenían que ser devoradas, pero bueno era así como solían acabar todos los cuentos).

El príncipe que viene a salvarte

Las niñas nos quedábamos esperando entre suspiros a ese príncipe azul (que no se parecía en nada a los brutos de nuestros compañeros de clase). Un apuesto príncipe vendría a salvarnos de las garras del dragón, o a rescatarnos del confinamiento de nuestra abusadora y malvada madrastra. Nos metieron en la cabecita «Eres una víctima pasiva y durmiente. Y necesitas que alguien venga a salvarte y a cubrir tus carencias».

La princesa y el sapo

Y está el pobre chico «pagafantas» que espera eternamente que una princesa esté dispuesta a besarle sin repugnarle su apariencia de sapo. Y así poder darse el permiso de convertirse en el apuesto príncipe que siempre habitó en él, aunque no lo supiera. Nos han hecho ignorar nuestro propio valor, esperando que otro lo haga. Hay alguien ahí fuera, esa persona única, que es capaz de ver la belleza y el potencial que hay en ti. En definitiva, otro tiene venir a subirte la autoestima.
Así el mundo está lleno de salvadores y víctimas, príncipes y cenicientas. Princesas sin esperanzas asqueadas de besar sapos que nunca se convierten en príncipes. Y príncipes sin reino frustrados y hartos de que las princesas les hagan la cobra.
Menos mal que los cuentos están cambiando. Así que ya es hora de que soltemos todo ésto, si queremos de verdad ser felices y tener relaciones sanas y conscientes.

Problemas de pareja, las 3 razones por las que «Me tienes que hacer feliz» es falso:

Razón 1: Sólo tú tienes el control y la responsabilidad de cómo te sientes

Sólo tú tienes el control de cómo te sientes, sólo tú tienes esa responsabilidad y sólo tú de verdad puedes manejar tus estados emocionales. Porque es algo interno y nadie puede entrar en tu interior y tocar ese mundo emocional. Sólo si tú se lo permites y sólo si tú decides que lo que la otra persona haga o deje de hacer, diga o deje de decir te va a afectar. Todo depende de como tú interpretas todo eso y el poder que le das a esas cosas es lo que tiene tal efecto.

La felicidad es algo totalmente personal, individual e intransferible. Si necesitas que la otra persona cambie, o haga lo que tú quieres que haga para ser feliz, y si no lo hace estás molesto, cada vez tendrás más razones para estarlo.

Razón 2: La pareja no complementa, amplifica

Eso de la media naranja también es totalmente falso. No podemos ir a buscar nuestra media naranja en una relación. Tenemos que entrar en la relación como naranjas completas. No busques tu media naranja. Búscate otra naranja entera, o un plátano o una pera. Nadie te puede complementar, no puede cubrir tus carencias internas. Tienes que ir a una relación lo más completo posible.

Claro que todos estamos en nuestro proceso de crecimiento. Y lo bonito que tiene la relación es que lo que sí que podemos hacer es compartir y complementar nuestros puntos puntos de vista. Tenemos diferentes personalidades, diferentes recorridos vitales, diferentes perspectivas las situaciones. Y eso es enriquecedor. Pero al final el trabajo interno vamos a tener que hacerlo cada uno. Si tú no te trabajas, por mucho que el otro te muestre otra perspectiva, vas a tener que decidir si te sirve y si estás dispuesto a aplicarla.

Una relación no te complementa sino que amplifica lo que ya hay allí, lo que cada uno aportamos de nosotros mismos. Al unirnos como pareja estamos creando una nueva unidad y en ella va a crecer lo que sembremos cada uno. Entonces si lo que vamos a poner son nuestras carencias, nuestras necesidades eso es lo que se va a manifestar en esa relación y es lo que se va a amplificar y expandir.

Razón 3: Tu pareja externa es un reflejo de tu pareja interna

Tu pareja, al igual que toda tu realidad externa, es un reflejo de tu realidad interna. Por eso tu pareja externa te da mucha información de cómo te relacionas contigo mismo, tu pareja interna. Dependiendo de como percibes que te tratan otras personas, te suele mostrar mucho sobre cómo te tratas a ti mismo. Si por ejemplo, sientes que no le importas a la otra persona, que no te respeta, que te habla mal o que no te tiene en cuenta … observa sin juzgarte si tú también estás haciendo lo mismo, si te tienes en cuenta, si tienes en cuenta tus necesidades, si te respetas, cómo es ese diálogo interno …

El problema es que queremos que el otro cambie, y eso es absurdo y nos mantiene en un círculo vicioso. Es como decir al espejo que empiece a a sonreír antes, que no le vas a sonreír hasta que sonría … Maldito espejo, sonríe de una puñetera vez! Puedes estarte un buen rato así, hasta que te canses.

Si tu pareja se somete a tus caprichos y no mantiene su individualidad, tú no aprendes lo que has venido a aprender a esta vida. Adorándote la píldora y siguiéndote el cuento, lo único que haría es ayudarte a mantenerte atrapado en tus programas y creencias limitantes que tanto daño te están haciendo. No te haría ningún favor haciéndote creer que tu felicidad depende de él o de ella, eso es dependencia insana.

 

La pareja feliz y consciente

Llegas a ello cuando logras generar la felicidad en ti independientemente de tu pareja. No necesitas que te lo aporte la otra persona. Eso se logra cuando eres capaz de entrar en una relación y mantenerte en ella sin proyectar en el otro tus necesidades y carencias ni tus ideales. Al menos, eres consciente de que cuando te molesta algo del otro, simplemente te está haciendo de espejo. Es el momento de trabajárselo uno mismo, antes de echarle la culpa o pedirle que te haga sentir mejor.
Es cuando te atreves de verdad a vivir una aventura de crecimiento personal, de compartir, de entrega, de aceptación y de celebración de la vida. Estar en pareja se convierte en una experiencia de conexión profunda con otro ser. Un acompañarse en un tramo más o menos largo de la vida. Es una de las maneras de crecer más increíblemente efectivas, si le pones esa intención.

El arte de amar

En una relación consciente no necesitas de la energía del otro. No necesitas manipular ni ser manipulado. No es una lucha de poder, ni de sometimiento a cambio de unas migajas de amor, atención o seguridad.
Es un camino de co-creación.  La práctica de observarte a través de los ojos del otro, de compartir eso que te sobra, de darte plenamente, sin abandonar tu individualidad ni tus sueños, sin sacrificios por amor. Sino poniéndonos propósitos conjuntos en los que tengan cabida los sueños de ambos.
Estar en una relación de pareja consciente es verte reflejado en otro ser humano diferente, y amar esa diferencia que os hace tan cercanos.
Nada de esto es fácil, pero es posible y es hermoso, es un arte. Cuando lo comprendes y lo escoges ya no necesitas tanto del otro ni te obligas a hacer nada por él o ella. No quiere decir que no haya amor, lo hay, y mucho, pero es un amor más elevado, más puro, más verdadero.
Un amor en el que sigo haciendo cosas por ti pero ya no por obligación, las hago porque quiero, porque tengo la libertad de escoger, y escojo.
Y habrá veces que no lo haga, y no me sentiré culpable ni me lo reprocharás. Y estaremos en paz. Escogiéndonos cada día, bailando juntos nuestra canción. A diferentes ritmos, a veces lento, a veces suelto, otras agarrado … añadiendo nuevos pasos a nuestra melodía.
El arte de la pareja consciente es un baile

El baile de la pareja consciente y feliz

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Nos vemos en la siguiente entrega. ¡Hasta muy pronto!

¡Un gran abrazo!

Raquel

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