¡Hola! Continuamos con nuestra serie dedicada a la compasión. En el primer artículo vimos cómo podemos mejorar nuestra vida vibrando en la energía de compasión. En el segundo aprendimos a activar la energía de compasión para utilizarla con nosotros mismos. Y hoy vamos a tratar un tema bastante complicado para muchos: activar la compasión para protegernos de las energías negativas de otros, en concreto ante personas con actitudes agresivas (les llamaremos cariñosamente «verdugos»). En la siguiente y última entrega de esta serie cubriremos cómo utilizar la compasión con personas que están sufriendo (que están atrapados en el papel de «víctima») para no dejarnos invadir por su dolor.

La compasión ante el «verdugo»

El papel del verdugo es famoso en el triángulo dramático (verdugo, víctima y salvador). Nos enrolamos en este triángulo muchas veces en nuestras relaciones, cuando lo hacemos desde la inconsciencia. El verdugo es el papel favorito de los que creen tener el control, los criticones, posesivos o dictatoriales. Van con aires de superioridad tratando a quien se deja como si fuera un estúpido incompetente. Necesitan rebajar a alguien, hacerlo pequeñito para sentirse grandes. Aquellos que no controlan su mal genio o su lengua envenada y te vuelcan su m** cuando explotan. Los hay muy sutiles desde pasivo-agresivos, bromistas de mal gusto, reprochones, severos, seductores, manipuladores o chantajistas. Y los hay que ya sacan el hacha directamente, esos iracundos, gritones, sádicos o humilladores profesionales.

Tenemos una fauna bien variada. ¿Reconoces a alguien?  Menudos angelitos, es que se hacen de querer … Y es que aunque nos cueste admitirlo, todos en más o menos medida hemos sido poseídos por el papel de verdugo alguna que otra vez, aunque sea de manera muy sutil y velada. Yo confieso, ¿y tú? No hace falta ser un psicópata desalmando para interpretar de vez en cuando ese papel, sobre todo cuando la ira y la crítica se apoderan de uno.

Al menos para mí, activar la compasión con los verdugos de mi vida ha sido mi gran reto, no es fácil, pero tampoco imposible. Y te preguntarás ¿Para qué quiero yo ser compasivo con un verdugo? ¿Acaso se lo merece? Independientemente de que se lo merezca o no, tienes que hacerlo por ti, por egoísmo sano.

 

Motivos por los que ser compasivo con un «verdugo»

Motivo 1: Para salirte del juego del triángulo dramático: Evitas caer en el victimismo y la queja, convertirte en otro verdugo vengador o en el salvador que mata al dragón. Todo eso no es más que la película mental que nos montamos en el teatrillo de la vida, nada es cierto. Todos estamos interpretando papeles para protegernos de nuestro propio dolor. Pero esa protección no es eficiente, acaba trayéndonos más dolor e incomprensión.

Motivo 2: Para liberarte del rencor y el resentimiento: el rencor es veneno para ti, no hace más que carcomerte por dentro. Mientras no actives la compasión en ti, no vas a poder protegerte bien de los ataques de tu villano favorito. Y serás un blanco fácil, con tus puntos débiles al descubierto, como una diana pegada en el culo.

Motivo 3: para liberarte del miedo: la compasión te empodera, porque te permite ver al otro desnudo de su coraza. El sufrimiento que le hace actuar así queda al descubierto. Entonces ya no ves un ogro sino un niño con un berrinche,desesperado y con miedo.

Motivo 4: para solucionar conflictos: al abrirte a la verdad del otro y mostrar tu verdad, es más fácil que os entendáis, que pueda haber un acercamiento. Cuando tú tiras tu arma y te muestras con el pecho descubierto, le estás diciendo que no tienes miedo, que sólo quieres hablar y encontrar una solución. Entonces lo normal es que los dos bajeis la guardia y podáis dialogar desde la honestidad y el respeto.

 

Activar la compasión ante el «verdugo»

El problema del «verdugo» es su complejo de inferioridad que intenta tapar a través de su necesidad de ser temido por otros. Quiere que los demás piensen que no tiene problemas, que es fuerte. Teme mostrar su vulnerabilidad y su frustración.

Vamos a ver una técnica para activar la energía de compasión en estos casos, especialmente en situaciones de conflicto. Da muy buenos resultados, aunque ya te aviso que no es fácil. Te recomiendo que empieces a practicar esto cuando la otra persona no esté presente. No empieces a hacerlo en medio de la discusión, porque de primeras no te va a salir. Cuando ya haya pasado la tormenta, búscate un lugar tranquilo y un momento para hacer este ejercicio.

 

1. Revive la situación:

Vuelve a revivir en tu mente esa situación en la que te has sentido agredido. Deja que se activen las emociones que sentiste en el momento.

 

2. Observa desde el corazón:

Para la escena, dale al pause y deja la imagen congelada. Ahora te vas a salir del culebrón mental, de la historia que tienes en tu cabeza de este drama y vas a observar la situación desde los ojos del corazón. Así dejas de proyectar en el otro tus miedos, tus frustraciones, tus antiguas peleas. Obsérvalo desde el corazón, no desde la mente. Los ojos del corazón te muestran la verdad desnuda. De esa manera te va a llegar la verdad del otro, lo que está intentando ocultar bajo esa máscara de falsa seguridad. Y sin tus propios filtros. Para eso tienes que parar la voz de tu mente y dejar de juzgar al otro. No tienes que forzar nada, no intentes entenderle mentalmente. Sólo necesitas tener una fuerte intención de ver la verdad del otro y conectarte desde el corazón.

 

3. Conecta con su niño interior:

Cuando hayas conseguido mirarle sin pensamientos, desde la quietud, deja que el otro se transforme en un niño. Lo que estás haciendo es poner la atención en el niño interior de la otra persona y dejar que se muestre. Es su niño herido que está sufriendo. El que tiene miedo, el que necesita protección, amor, que le vean, que le escuchen. Verás cómo está proyectando en ti, en otra persona o en la situación su propio drama. Podrás comprobar que está reviviendo algo que le pasó en su infancia, hace mucho tiempo.

 

4. Detecta su máscara:

Entonces verás claramente su máscara, la trampa en la que está prisionero, su resistencia. Incluso podrás llegar a percibir cómo el lado oscuro se va apoderando de él, llenándole de miedo y rabia.

 

5. Conecta con su verdadero ser:

Por último, tienes que estar dispuesto a ver una tercera parte que también está ahí, por muy oculta que se encuentre: su ser luminoso, su verdadero ser. Cuando te abres a experimentar plenamente ese encuentro, puedes percibir la luz en el otro, su perfección, el amor puro que hay detrás de todo ese velo de mentiras. Ves el aspecto sagrado de ese conflicto, en el que ambos os encontráis para mostraros las caras opuestas del mismo problema. Vuestros dos verdaderos seres se miran con profundo amor, mientras vosotros recibís la enseñanza. Desde ahí es mucho más fácil que lo entiendas y puedas actuar en coherencia.

 

No olvides soltar antes la rabia

Ya te he dicho que no es fácil, probablemente no te salga a la primera. Quizás tengas que soltar primero mucha de la rabia acumulada que tienes para poder llegar a este nivel de compasión. Hazlo en la intimidad. Intenta no volcar tu rabia directamente sobre nadie si puedes evitarlo, porque eso no te va a hacer sentir mejor, sino todo lo contrario, además de traerte más problemas.

Cuando lo hagas, hazlo de forma constructiva. Por ejemplo a través de un ejercicio similar a éste pero en el que te desahogas diciéndole o haciéndole todo lo que secretamente deseas. Es un ejercicio de liberación emocional muy efectivo que haces en la privacidad, contigo mismo y en el que nadie sale herido. Ya verás como luego te sientes mucho mejor. No te desanimes, se consigue con intención y perseverancia. Seguro que hay en tu vida alguien un poco ·verduguillo». Practica este ejercicio con él o ella. Si te animas comparte tus resultados en los comentarios, así podemos aprender de ti.

En el siguiente artículo trataremos la compasión con los que sufren para que no nos llevemos con nosotros su dolor. 

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Como siempre, tus dudas, reflexiones y experiencias nos enriquecen a todos. Así que si te sientes inspirado a hacerlo, ahora es el momento, en los comentarios tienes tu espacio.

Nos vemos en la siguiente entrega. ¡Hasta muy pronto!

¡Un gran abrazo!

Raquel

 

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